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Opinión

De los diálogos de la zanahoria y lo público

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro de la Asociación Argentina de Administración Pública.

Con la llegada a la paternidad uno descubre los nuevos desafíos del día a día, el lenguaje de los niños y las claves necesarias para entender, comprender el mundo de los hijos y así poder aproximarse a criarlos conscientemente.

No sólo pareciera difícil asumir el nuevo rol de padre / madre, sino que lo que abona a complejizar el asunto, es el paradigma niño céntrico, donde el pequeño es el centro de todo y uno debe valerse / hacerse de las herramientas necesarias para poder formarlos empáticos, con conciencia de clase, asertivos, buenas personas, sensibles, exitosos, generosos, entre otras cualidades esperadas.

Entonces uno apela y recurre a cuanta ayuda consiga, cuentos de hadas, historias valientes y fábulas de animales, comienzan a acompañarnos para motivar a nuestros hijos y despertar en ellos, lo que suponemos deben ser y alcanzar.

Una fábula bastante conocida, utilizada muchas veces de metáfora (casi que de la vida misma), es la de la zanahoria y el burro, la que de alguna forma pretende dejarnos el mensaje de que no debemos trabajar para otros, sino esforzarnos por conseguir nuestros sueños.

Ahora bien, como la mayoría de las cosas, esta simpática fábula puede encontrar relevancia si se la piensa en clave de lo público, la administración y la política.

A continuación, algunas sugerencias para comprender este fenómeno:

  • Podemos proponer que esta fábula de la zanahoria en lo público, se presenta en formato de diálogo de la zanahoria, el cual no es ni más ni menos que la promesa de hacia dónde vamos en lo institucional tanto interno (en el trato con el personal), como externo en los (servicios públicos) y en lo político (particularmente en lo partidario)
  • En estos diálogos de la zanahoria, conversan los ciudadanos / usuarios de servicios públicos, los empleados públicos y los militantes, con los representantes, funcionarios y dirigentes políticos
  • No todos los proyectos son colectivos, sino que muchos tienen aspecto de, pero son profundamente personales o para privilegiar grupos demasiado pequeños
  • Entonces no es lo mismo la motivación estrictamente personal que las que pretenden conquistas colectivas, así los diálogos de la zanahoria ensayan convencer para que ganen algunos pocos
  • El común denominador es la resignación, el dejar de intentar, de tratar: es que si bien el ciudadano no está preso de sus representantes recibe el resultado de su gestión en forma de Servicio Público; mientras que el empleado público / administrativo tiene una relación con la institución por sobre el funcionario, aunque la relación con éste incide en su ingreso mensual; y para el caso de los militantes muchas veces se resume su potencialidad de participación dentro del espacio político en cuán bien le cae al dirigente político de turno

Si bien el panorama no es muy auspicioso, conviene estar atento y prestar atención a tres situaciones que por simpáticas, no son menos paradójicas. Ya que mientras se atenta constantemente contra la posibilidad de acuerdos en estos tres ámbitos y prospera la imposición, casi en simultáneo y con la fuerza del descubrimiento novedoso, se escuchan anuncios de:

  • Planes de capacitación y/o formación para la profesionalización del empleado público, y por ende de la mejora de la prestación de los servicios públicos. Cuando quizá lo que haya que hacer en primera medida es escuchar lo que tengan que decir.
  • Herramientas y espacios de participación ciudadana y vecinal, en la creencia de que todos deben encontrar lugares legítimos donde interactuar. Cuando muchas veces lo que sucede es que los vecinos ya se acercan a los funcionarios o a las gestiones de gobiernos y éstas no saben o no quieren hacer nada con este reclamo, sugerencia, participación.
  • Inauguraciones de espacios políticos, campañas de afiliaciones masivas, lanzamientos de nuevas agrupaciones políticas con los mismos dirigentes de siempre. Cuando lo que puede estar sucediendo es una renovación de imagen pública de tal o cual dirigente político que se sube a la ola del momento, para darse un empujón y buscar renovar el crédito con los militantes que ya lo conocen y que pueden llegar a estar medio disgustados con él.

Lo importante de todo esto es poder comenzar a observar con ojos de conocedor y dejar la zanahoria para las ensaladas y no para tomar decisiones.

Federico Vasches.
Miembro de la Asociación Argentina de Administración Pública – DNI 32.991.877.

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Opinión

Del ciclo de la vida y el de las políticas públicas

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

El otro día me tocó despedir a un familiar, y si bien mi abuela había vivido su vida (con sus altas y bajas, pero hasta los 88 años), no es menos cierto que nos cuesta despedir a los familiares; aunque esté previsto que así sea y contra el ciclo natural de la vida, nada podamos hacer.

Sentí que como adulto, tendía a quedarme atascado en el materialismo inútil y en la posesión estéril (esa que valora el estar, por sobre el haber pasado, un exceso de presente con ciertas reminiscencias de recuerdos y fragmentos de historia, felices), y que frente a ello, la expresión fresca de los niños (sus bisnietos), afloraba cálida y sin pesar.

Nuevamente mis hijos me daban una lección desde su más temprana infancia y sus reacciones lógicas y sin esfuerzo, me dejaron pensando en que si bien sabemos que hay muchas cosas que estén dispuestas que sean de una forma, nos choca de igual manera enfrentarlas; y por otro lado que quizá queramos creer que estén bien, otras, las cuáles sí dependen de nosotros y sobre las cuales debamos interiorizarnos un poco más.

Ahora bien esta situación que pareciera meramente de un suceso familiar, y de repensarnos frente a una pérdida, bien puede ser extendida al universo de lo público y del ciclo de vida de las políticas públicas, en particular.

A continuación, algunas sugerencias para comprender por dónde transcurre el asunto:

  • De alguna manera damos por conocido el ciclo natural de la vida, y aunque nos cueste asumirlo, todos lo habremos de transcurrir de peor o mejor, manera. Para el caso del ciclo de las políticas públicas, casi nadie pareciera reconocerlo, ya que tendemos a advertirlas, únicamente cuando éstas nos alcanzan.
  • SI bien en muchas ocasiones, nos pesa demás, en la vida naturalizamos algunos sucesos, cosas, circunstancias. En las políticas públicas sucede algo similar.
  • Cuando algo en nuestras vidas, no anda bien, una de las mejores excusas es decir que es por designio divino, algo cercano podría darse en las políticas públicas, ya que la responsabilidad sobre su correcta o incompleta ejecución, pareciera no caberle a nadie
  • Nadie ha decidió por su cuenta o voluntad, nacer; pero sí hay quienes han decidido por nosotros traernos (nuestros padres y madres), y desde ese momento la responsabilidad de nuestros primeros pasos, es de ellos. Con las políticas públicas sucede algo similar, ya que han sido pensadas, propuestas e implementadas por algún decisor público, el cual tiende a ser anónimo y al cual pareciera que (en muy pocas ocasiones), le cabría responsabilidad alguna.
  • Si bien en un primer momento la responsabilidad por nuestros actos es de nuestros padres, ésta se va achicando con el transcurrir del tiempo, ya que al crecer somos nosotros de quienes dependen las cosas y sobre quienes deben caer los cuestionamientos. Mientras que en las políticas públicas, la responsabilidad sigue siendo completa en los decisores públicos, aunque mengua según las jerarquías.
  • En la vida uno puede conformarse con no llegar al resultado en la medida que haya dado lo mejor de sí y no haya tomado ni atajos indebidos ni haya destratado a nadie para lograrlo. Esto mismo es más complejo en las políticas públicas, ya que el decisor público debe alcanzar el resultado y bajo ningún punto de vista puede mal hacer algunas cosas para lograrlo.

El desafío entonces es hacer como los niños, (sin sorpresa, ni pesar), no buscar culpables en hechos sin remedio, sino aceptando lo acontecido, proponer nuevas y mejores formas de enfrentarlo.

Es que la novedad y sencillez con que los niños enfrentan la muerte (en tanto parte del ciclo de la vida), debería ser tomado en cuenta, por aquellos que deben velar por el desarrollo del ciclo de las políticas públicas.

Caso contrario, seguiremos estando en presencia de quienes dicen que pretenden hacer una cosa, la cual la elaboraron entre gallos y media noche, y luego cuando a la primera de cambio no les sale (según su parecer), entran en un espantoso shock que únicamente se estanca en un diagnóstico recortado y empeora la situación de la que parte.

Federico Vasches.
Miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

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Opinión

De las artes espirituales y los técnicos de la administración publica

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

El otro día dejé el auto estacionado en el centro de la ciudad, para realizar unos trámites y a mi regreso me encontré con un simpático papelito que ofrecía los servicios de ayuda espiritual de una señora con notoria trayectoria.

En el folleto, hacían mención de los dotes de la señora la cual ofrecía brujería para resolver algunos asuntos que nos preocuparan o nos tuvieran trabados; adivinación para comprender esas cosas que sin saber qué eran nos tenían detenidos y clarividencia para advertir o percibir cualquier trabajo que tuviéramos hecho en nuestra contra o situaciones y amarras emocionales que nos ataran.

Debo reconocer que si bien me pareció simpático, algo me intrigó, porque si acaso habría una manera de conocer qué es lo que nos depara el destino, ¿estaría del todo mal tomar ese atajo y saber con antelación dónde y frente a qué circunstancias nos encontraremos?

Ahora bien esta situación que pareciera meramente de las creencias personales y únicamente para curiosos y crédulos, bien puede ser extendida al universo de lo público y de los técnicos y conocedores de la administración pública, en particular.

A continuación, algunas sugerencias para comprender por dónde transcurre el asunto:

  • Cuando acudimos al uso de las artes espirituales buscamos dar respuesta a algo que pretendemos conocer, y sobre lo cual no disponemos de otra manera de hacerlo. Algo similar sucede con los políticos / decisores públicos que (en un acto de grandeza manifiesta), entienden que sobre algún tema en particular no son del todo conocedores y acuden al consejo y ayuda de los técnicos
  • Tanto la adivina en su disciplina, como el técnico en la administración pública, saben. Bien pueden conocer por experiencia, por estudio, por facilidad. Saben y existen, los conocemos y perfectamente los podemos identificar y en caso de requerirlos, acudir a ellos.
  • Aun en prescindencia de ellos, se pueden hacer las cosas. Por un lado vivir una vida y fortalecerse y afrontar de la mejor manera las cosas que de sorpresa, se sucedan; y por el otro, el riesgo es que las políticas públicas (sin participación y escrutinio de los técnicos), pueden disociarse de la realidad
  • Con uno (la adivinación), se busca conocer el futuro de un individuo, con otro (la participación de los técnicos) el impacto posible de una política pública que afecta a las personas

El desafío entonces es comprender que no se trata de tener razón, de buscar culpables o de encontrarse penando frente a una situación (para algunos), previsible; por el contrario lo que se debe es de disponer de los mejores recursos en pos de hacer frente a eso que se vendrá. Escuchar a quienes hay que hacerlo y considerar de otras disciplinas y de quienes saben, conocen, han experimentado y advierten, qué indicadores o situaciones se repiten en nuestra historia, que como la administración pública, pareciera (innegable, innecesaria y dolorosamente), repetirse sin remedio.

Federico Vasches.
Miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

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Opinión

Del desafío del búho y la templanza para lo publico

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

Hace tiempo que me encuentro buscando nuevas manera (como padre), de pasar de la mejor manera ese breve momento en que los pequeños entran en berrinche por algo que quieren. Entonces y con mi pequeña, me ha funcionado llamar su atención abriendo grande mis ojos y pidiéndole que me mire detenidamente, para jugar al desafío del búho y quien pestañee primero, pierde.

En ese momento entendemos que lo que importa es jugar, mirarnos fijamente sin decir nada, quizá sonreírnos un momento cómplices, sin que nada más que el otro, nos importe.

Ahora bien esta situación que pareciera meramente doméstica y de herramientas de crianza de padres modernos, bien puede ser extendida al universo de lo público y de los requisitos para permanecer en ella, en particular.

A continuación, algunas sugerencias para comprender algo más de este fenómeno:

  • En el desafío del búho no se debe pestañear, ni reír sólo aguantar, algo similar sucede en lo público donde lo que se pretende es que siempre se guarde la distancia, la impersonalidad, pero con buen atención y calidez
  • Hay momentos en el mundo de lo público, en que pareciera que únicamente se pondera el ritual y donde entonces el juego (eso de ser y hacer que se es), tendería a desaparecer
  • El desafío más grande en lo público, eso que no es parte de las reglas pero si del arte de la administración, es mantenerse, resistir, resistirse, resistirnos. Requiere que desarrollemos una capacidad de abstracción y de comprender que en cada momento hay algo lindo, algo para aprender
  • Ambos lugares (el desafío y lo público), tienen una lógica propia. Sólo con sentido para quienes intervienen, tanto para el padre con su hijo que juegan a mantener la mirada como para el empleado con su jefe, haciendo un esfuerzo por resistir
  • Tienen premio, el juego favorece al amor con el hijo, el resistir da seguridad en el trabajo. Uno aporta en lo familiar, el otro es un paliativo en lo laboral
  • El momento justo que se detiene eterno frente a nuestros hijos, hacemos un esfuerzo por no sonreírnos y romper las reglas del juego por besarlos; mientras que en la conversación de lo público, el esfuerzo es por resistir al sinsentido, la desidia del poder sin lógica, del ejercicio de una jefatura vacía de razón, y que sólo contribuye al agotamiento, enfado y denigración /devaluación del trámite
  • Quizá la diferencia más sustancial es que el juego con los hijos se disfruta y el límite se lo pone uno fuera del juego, en la vida. Mientras que en lo público uno debe ser templado para resistir el ritmo del trabajo y del trámite en nombre del bien común, pero debe poner el límite a los participantes que lo componen, ahí mismo y con los medios de que disponga. Claramente la vida transcurre por otro carril.

El desafío entonces, es comprender que el juego con los hijos, aporta valor tanto dentro de la familia, como para la sociedad, ya que nos vincula con los niños y les da la pauta de que siempre hay una manera distinta pero simpática para resolver y criar a los pequeños.

Ahora bien, en lo público, en eso de resistir lo grave no sólo es cuando el límite se haya cruzado y la reacción sea desmedida e incontrolable, sino que esta situación de desgaste genera y nos arrincona en una desidia constante la que nos expulsa y nos arrebata cualquier tipo de deseo de general algo nuevo, mejorar lo existente, incluso: de hacer.

Federico Vasches.
Miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

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