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Opinión

Del mando, la obediencia y los niños

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro de la Asociación Argentina de Administración Pública.

Quién no se ha encontrado en algún momento, en nuestro rol de padre o madre, tentado a retar a nuestros hijos.

Al caso, ni siquiera pareciera importar qué logramos con ello, o si acaso nuestros pequeños comprender en el fondo, por qué están siendo reprendidos; sino algo más concreto, sencillo pero no por ello de menos trascendencia: lo que nos interesa es ejercer y demostrar nuestro poder.

Poder sobre ellos y sobre la situación. Si tal vez el conflicto se nos escapó de las manos, siempre disponemos a nuestro alcance del reto furioso para lograr que ellos hagan lo que queremos, como lo queremos y cuando lo queremos.

Por un lado pretendemos penar esa conducta en la que incurrieron nuestros hijos, pero por otro nos sentimos desobedecidos y ese “dolor” (más en el orgullo), es el que nos motiva a hacer.

Ahora bien como buenos niños y aún a pesar de nuestra intolerancia, nuestro cansancio por la rutina, nuestras preocupaciones cotidianas económicas y todas esas cosas de las que no podemos escapar y que acabamos descargando sobre ellos; nuestros hijos e hijas, siempre pero siempre, encuentran un “modo niño” de ser y hacer las cosas.

Ante el reto más furioso, seguro por motivos que no lo valían, siempre nos responden con un abrazo, porque en el fondo, ellos no entendieron qué sucedió, pero saben genuinamente que nos quieren y que algo de todo eso es para su bien.

Pensemos por un momento esto que parece tan familiar, cómo podría cobrar relevancia si lo extendemos en términos de lo público, la política y la administración.

Es que el Estado pretende que los ciudadanos y empleados públicos se vinculen con él de tal o cual manera, es decir demanda Obediencia (tal como el padre sobre su hijo) y pena la desobediencia para / con quien, no quiere o sabe cómo debe proceder.

A continuación, algunas sugerencias para comprender este fenómeno:

  • El Estado opera como padre de todos los ciudadanos, ya que nos regula, nos protege y busca los medios de garantizar la convivencia en paz (de sus hijos)
  • Exige Obediencia, que seamos para él, lo que él nos requiere, que hagamos siempre lo correcto, quizá de más, pero nunca de menos
  • Cuando las cosas se cumplen según lo demandado por el Estado, éste siente que su Mando es acatado y el orden social tendería a mantenerse
  • Bien podría suceder que ni todo lo que se solicite hacer en este ejercicio del Mando ni para, ni en cumplimiento de la Obediencia, sea lo mejor hacia dentro de la Administración, ni para la vida en sociedad. Podría suceder que un jefe quiera aplicar sin razón una normativa dentro de un área, cuando los empleados han descubierto, he incluso propuesto, que la misma es perfectible y que quizá lo mejor sea hacer eso de otra forma.
  • Entonces como a los niños, nos aflora un “modo cívico” de hacer las cosas, entendiendo que lo que importa es hacer lo que corresponde porque corresponde y que aún el Estado no nos esté observando ni pretenda ejercer su Mando directo sobre nosotros, hacemos las cosas bien por el compromiso con el otro.
  • Este “modo cívico”, puede tener su correlato con el “modo administrador público” de hacer las cosas, ya que como el niño que sonríe, el empleado público disfruta de hacer y poner lo mejor de él entendiendo que con eso, favorece a quién está detrás con el trámite para resolver.

El desafío entonces es comenzar a advertir que más allá de que existen muchas reglas para y en todos los órdenes de la vida, siempre hay niños que ponen esa energía para aportar y mejorar las cosas y que aunque pensemos muchas veces (desde el pesimismo aprendido con los años), que las cosas deben ser sólo como nos son dadas, y que de nada sirve dar las pequeñas batallas; déjenme decirles que de pequeñas batallas se compone la vida y que los esfuerzos por desperdigados que sean, siempre generan sinergias y nuevas redes para corregir las cosas.

Federico Vasches.
Miembro de la Asociación Argentina de Administración Pública – DNI 32.991.877.

Opinión

La biodiversidad al límite…

Nota de opinión por Álvaro Vicente López, Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

Hablamos de diversidad, cuando planteamos que hay cosas diferentes, personas diferentes, lugares diferentes y cosas para hacer diferentes. La Biodiversidad tiene que ver con la amplia variedad de seres vivos en el planeta (el cual es finito). Dicha biodiversidad, es promotora de vida, de todos los ciclos de la materia y energía en la tierra, regula las precipitaciones, la retención de agua, nos provee de alimentos, de productos de origen biológico, de remedios y muchísimas cosas más.

Pero algunas veces, nos olvidamos de la Biodiversidad y nos creemos únicos en el mundo, somos antropocéntricos, perdura en nuestra cabeza una memoria de un mundo vacío, de un mundo que debe satisfacer todas nuestras demandas, alimento, vestimenta, refugio, vehículos, comunicación y millones de cosas que a diario consumimos. El principal problema es que somos más de 7.000.000.000 de habitantes, estamos avanzando sobre diversos ambientes, afectando nuevas tierras, cultivando, homogeneizando y destruyendo la biodiversidad. A este problema debemos sumarle que nuestro nivel de consumo de energías y productos se ha incrementado significativamente en los últimos 20 años, o sea, no solo somos más, sino que consumimos más per cápita, lo que incrementa el aporte de gases de efecto invernadero y el correspondiente calentamiento global y cambio climático, afectando también la biodiversidad.

Éste, es el momento, es una de las últimas posibilidades de revertir el daño que le hacemos a nuestro único planeta, las soluciones son muchas, entre ellas la más urgente es la reducción de la tasa de natalidad, reducir en pocas generaciones la cantidad de habitantes del planeta a un nivel sostenible, que nos permita compartir con el resto de millones de especies que existen con nosotros. Para ello, necesitamos que los Estados de todo el mundo, dejen de pensar solo en economía y piensen en ecología, desarrollen políticas de planificación familiar, educación en general, educación sexual, métodos anticonceptivos, etc. Si la humanidad no se ocupa de ello, la naturaleza lo hará por sí mismo, con un alto costo para nosotros y para la biodiversidad. Aún estamos a tiempo.

Álvaro Vicente López.
Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

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Opinión

De los animales en peligro de extinción y los programas sociales focalizados

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

El otro día mi hijo, me dijo que no había que tener tortugas como mascotas y me preguntó, si sabía por qué. A lo que respondí que no, entonces con toda la naturalidad del mundo me dijo: porque están en peligro de extinción, papá.

Automáticamente me sorprendió, por un lado que un niño de 6 años tuviera ese conocimiento y reacción obvia frente a la situación, pero por otro me recordé automáticamente de una historia.

Esa que refiere a una persona que luego de una tormenta, en una playa y frente a una inmensa extensión de estrellas de mar, se desespera y comienza a querer salvar a todas. Ante esto, un espectador burlándose, le recrimina que de nada serviría su esfuerzo, ya que no podría salvarlas a todas. Pero en lugar de darse por vencido, el hombre decide tomar a una estrella en particular y devolviéndola al agua, exclama: ésta sí va a vivir.

Entonces de alguna manera tener la tortuga en mi casa estaba mal pero no tanto, ya que se puede entender que de esa manera y por lo menos a esa sí podría salvarla y quitarla del peligro de extinción.

Esta situación que pareciera que se resume en una charla doméstica y familiar, bien puede ser interpretada, extendida hacia el ámbito de la administración y de las políticas públicas.

A continuación, algunas sugerencias para entender este fenómeno:

  • Así como tener un animal en peligro de extinción en tu domicilio, podría salvar a ese ejemplar, una política social focalizada serviría a esos fines, contribuyendo directamente con quien lo necesite
  • Si bien es claro que lo ideal sería que desde el Estado se dieran las posibilidades de desarrollo equitativo a las personas, de mínima, una política focalizada de atención de aquellos en situación de mayor vulnerabilidad no es menos importante
  • Si bien las personas podríamos no querer asumir la responsabilidad de cuidar un animal y así atentar contra toda la especie en peligro, en caso de no intervenir el Estado, atentaría contra toda la sociedad

Entonces el desafío es comprender que, aun siendo sólo un remedio para los síntomas, es importante la existencia de estas políticas en sí mismas. Que los que si bien es importante siempre igualar hacia arriba, debemos realizar un esfuerzo solidario por contener a los marginados y darles las oportunidades que el capitalismo y los ciclos económicos liberales, les han arrebatado.

Entonces no es la responsabilidad única del Estado, sino de una sociedad altamente comprometida, donde los ciudadanos entendamos que la patria es el otro y con esa sensación que cala hondo en el pecho de muchos, nos propongamos a ayudar.

Federico Vasches.
Miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

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Opinión

Del ratón Pérez y los subsidios a las tarifas

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro de la Asociación Argentina de Administración Pública.

Todos como padres o madres nos hemos visto frente a la pérdida del primer diente de nuestro hijo o hija y entonces la necesidad de que llegue el Ratón Pérez y resuelva esta situación.

Es que por un lado está la ansiedad del pequeño frente a la caída del diente y por otra la nuestra en el desconcierto sobre cuánto dinero habrá de traerle el Ratón y acaso qué uso y destino habrá de darle luego.

Puede que sea mucho o poco dinero, pero entiendo que lo más sano es siempre pensarlo como una especie de “subsidio” al niño y a lo que habríamos de gastar como padre / madre en el futuro.

Esta situación que parece tan doméstica, bien puede ser considerada en el ámbito público, en la política y para con los ciudadanos y usuarios de servicios públicos; a continuación algunas sugerencias para comprender este fenómeno:

  • de cierta manera así como los padres pueden sugerir hacia dónde o en qué gastar el dinero provisto por el ratón Pérez, el Estado / el Gobierno puede también direccionar en qué gastan los ciudadanos
  • ese dinero disponible, que habría de quedarles libres por tener a su favor una quita en el valor de los servicios públicos, se origina por los subsidios a las tarifas
  • subsidiar la tarifa de un servicio o quitar el subsidio implica, que el precio del mismo sea más caro o más barato al bolsillo del usuario, entonces tendrá más o menos dinero para poder realizar el resto de los gastos del mes

Frente a esta situación, debemos realizar el esfuerzo por comprender que siempre (con o sin subsidios), la empresa que presta el servicio se lleva la totalidad del dinero que dice, vale el servicio. Que así como los padres, el Estado puede dirigir y dirige cuánto dinero tienen las familias en sus bolsillos, tanto sea para comprar comida, gastar en recreación, vivienda o vestimenta.

En adelante el desafío es identificar cómo interviene el Estado, (si es que aparece el Ratón Pérez en nuestras vidas), para qué lado inclina la balanza, si para los ciudadanos o las grandes empresas y si en las propuestas de los políticos frente a la inminencia de las elecciones, este tema se aborda.

Federico Vasches.
Miembro de la Asociación Argentina de Administración Pública – DNI 32.991.877.

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