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Opinión

De la paz, la felicidad y la batalla cultural

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

Vivimos en tiempos donde predomina el ritmo, donde los días y las semanas pasan, vertiginosas y llenas de responsabilidades, tareas, trabajo, crianza de hijos y eventualmente un momento para el pasatiempo. Casi que somos llevados por la corriente en una dirección que no tiene porqué ser la natural ni la lógica, pero a la cual nos hemos resignado, por deber y pretender convivir en sociedad.

Entonces aparecen por ahí dos conceptos (sin pretender ser exhaustivo en su definición), los cuales no sólo escuchamos bastante seguido, sino los cuales tratamos de predicar y practicar. Me refiero por un lado a la Paz, en tanto esa sensación o instante que nos implica sencillez, simpleza, silencio, tranquilidad y acaso control sobre nosotros mismos; y Felicidad, la cual se explaya más allá de lo que le ocurre a uno, como interviniendo para ella, las situaciones de los demás, el medio y las condiciones del momento.

Es en esta búsqueda de una y otra (paz para cada uno y felicidad para todos), que nuestra vida transcurre; esas dos sensaciones, o máximas nos pueden servir de norte entre tanto desorden y apuro, compromisos y velocidad.

Ahora bien esta situación que pareciera meramente como extracto de un libro de autoayuda, bien puede ser extendida al mundo de lo público y al de la política y de la batalla cultural en particular.

A continuación, algunas sugerencias para comprender por dónde transcurre el asunto:

  • La sensación de Paz florece frente al hacer algo, que entendemos no sólo que no está mal, sino que por el contrario nos sentimos a gusto haciéndolo en la creencia de que está bien. Es decir de cierta forma son nuestros valores internos los que nos posibilitan tomar esta “decisión” (en caso de que fuera consciente), y sentirnos de tal o cual forma frente a ello. En el caso de la batalla cultural, esa que se da con la intención de cambiar nuestra percepción del medio, de los hechos y de las cosas a las que debemos ponerle atención e interés; desde ya que influye sobre qué cosas son las que nos dan “paz” y cuáles por el contrario nos molestan. Pudiendo en ocasiones reescribirnos la escalada de valores.
  • Si partimos del acuerdo que la Felicidad es situacional y frente al mundo, esta sólo está en condiciones de darse, cuando hay valores y patrones de conducta, ya preestablecidos. Sabemos de antemano frente a qué cosas, situaciones, noticias debemos reaccionar con alegría y frente a cuáles con enojo. Es algo más que estar tranquilos o no (en paz), sino que es una reacción frente al estímulo exterior. Acá es donde cobra más relevancia el impacto de la batalla cultural, ya que quien la gane podrá no sólo codificar la conducta individual de las personas, sino organizar y ordenar la conducta de una sociedad. Habrá entonces escándalo y distracción digitada.
  • La Paz y Felicidad son indisociables entre sí, pero aún lo son más con lo que uno es y de los intereses, formación, experiencia y vivencias de uno. Siempre condicionado por el medio. Pero en la batalla cultural puede ser que uno deje de lado (se mienta), sobre qué y cuál es su paz y felicidad, y que seamos rehenes de un corrimiento intencional de la vara, de la medida de las cosas que sabemos y de las que lógicamente nos damos cuenta cómo deben ser. Entonces ya no disponemos de una forma de paz y felicidad constantes, sino que nos van indicando al caso, qué es una y qué es otra.
  • Siguiendo este razonamiento, ni la Paz ni la Felicidad aparecen, sino que son construcciones por las que hay que trabajar y a las cuales hay que buscar con intención. Entonces quien no pueda reconocer que es una y/u otra, tampoco estará en condiciones de comprender, de darse cuenta que está siendo objeto de experimento social, que está siendo preso de una batalla cultural hegemonizante
  • Podemos acordar que la Paz es para uno y siempre es la base necesaria para alcanzar la Felicidad, que nos permita progresar. Lo que debemos consultarnos es si ese supuesto que muchas veces nos dan desde la batalla cultural, donde predominaría el individualismo, es correcto. Paz y felicidad sólo para uno o deberíamos comenzar a explorar estas dos ideas para todos y todas?

El desafío entonces es comprender que hay tantos ombligos como seres que habitamos en la comunidad, y que lo mejor sería velar por la construcción de unidad y mayorías con conciencia de clase y acaso elegir representantes que sean conscientes de ello y que hayan sido consecuentes y se comprometan a serlo en el futuro.

Así como cada uno, (aún bajo las presiones de la batalla cultural que el capitalismo despliega en América Latina y el Caribe y de la cual nos cuesta mucho escapar y descolonizarnos), encuentra en sí motivos, razones y tamices profundos para saber qué nos genera Paz y qué Felicidad; de la misma manera elijamos con altura, optemos por lo mejor, votemos con el corazón y la esperanza e ilusión de un camino de esfuerzo mancomunado que nos incluya.

Federico Vasches.
Miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

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Opinión

Dia de las personas con discapacidad: ¿vivimos en una sociedad inclusiva?

Nota de opinión por Emilio Epulef
Periodista. Estudiante de Comunicación Social.

Cada 3 de diciembre se conmemora el día Internacional de Las Personas con Discapacidad, desde 1982 La Asamblea General de las Naciones Unidas, declaro este día como el día de las personas con discapacidad. 18 años después se proclamo en nuestro país, mediante la sanción de la ley 25.346 con la finalidad de generar conductas responsables, consientes y accesibles sobre los derechos que de manera internacional amparan a uno de los sectores sociales mas vulnerables.

 ¿Qué quiere decir cuando una persona tiene una discapacidad?

El articulo 1° de la Convención Internacional de las Personas con Discapacidad afirma que: “toda Persona con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales o sensoriales a largo plazo, que al interactuar con diversas barreras puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones que las demás.”

¿Cómo sociedad que entendemos cuando hablamos de discapacidad? ¿Estamos preparados para convivir con ellas?

 En principio como sociedad no se utiliza la terminología correspondiente, se las llama discapacitados, minusválidos o personas con capacidades diferentes, pero ¿Qué tienen de diferentes? Cuando todas las personas somos iguales, tenemos los mismos derechos, ya sea a una educación, a la salud, y a un empleo.

Entonces ¿Cómo debería decirse? Se debería utilizar el termino “persona con discapacidad” como sociedad estamos avanzando y en algún momento se dejarán atrás las terminologías viejas que se han utilizado y se utilizan en la actualidad.

Desde pequeños este sector social tiene acceso a la educación, pero en la mayoría de los establecimientos, no se cuenta con los recursos ni el conocimiento necesarios para tratar con ellos, y de alguna manera adaptar el sistema acorde a sus necesidades.

La accesibilidad debe ser plena en todos los niveles, pero no siempre se logra al 100%, en el medio físico las grandes metrópolis no tienen veredas accesibles, para que las personas con movilidad reducida circulen correctamente, no se cuenta con semáforos sonoros para aquellos que tienen baja visión, o ceguera permanente, y tampoco se cuenta con sistema lecto escritura braile y muchos de las personas no conocen el lenguaje de señas, para poder comunicarse con una persona sorda. De esta forma se hace difícil que este sector social, se puedan comunicar con sus semejantes y construir sentidos sobre su realidad.

La ley 22.431/81 promueve en su primera parte que todos los organismos estatales, tengan el 4% de empleados que tengan algún tipo de discapacidad, siempre y cuando estén capacitadas para el cargo, pero esto en muy pocas ocasiones se cumplen, ya que los empleadores se niegan a tomar a personas con alguna discapacidad y se quedan conviviendo en el prejuicio que sufren.

Esto quiere decir que la sociedad en todos sus niveles, sean educativos, físicos y laborales no es del todo inclusiva, pero no todo es exclusión ya que al pasar los años y los distintos gobiernos de nuestro país, se han flexibilizados derechos, como el otorgamiento de pensiones como modo de ayuda social y la firma del tratado internacional en el año 2008 mediante la ley 26.378, que tiene jerarquía Constitucional.

Vivimos en un siglo en el cual la sociedad avanza constantemente y en algún momento será 100% inclusiva y accesible, para poder establecer relaciones más fluidas e interpersonales con ellas y dejar el prejuicio atrás.

Emilio Epulef
Periodista. Estudiante de Comunicación Social.

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Opinión

Estado de sitio: una ficción premonitoria de la actual crisis latinoamericana

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

The Siege (Estado de sitio o Contra el enemigo) es una gran película del año 1998 protagonizada por Denzel Washington (como el agente del FBI Anthony Hubbard) y Bruce Willis (como el General William Devereaux, del ejército de los Estados Unidos). Su trama trata sobre la declaración presidencial del estado de sitio y la autorización a la acción represiva del ejército contra la ciudadanía neoyorquina, ante una serie de atentados terroristas que estaba sufriendo ese país.

Los recientes sucesos acontecidos en Chile, Bolivia y Ecuador me llevaron inmediatamente a recordarla trayéndome a la memoria innumerables escenas de la misma, como la brutalidad de los soldados para detener a los sospechosos y la cacería de brujas a la que se somete a centenares de ciudadanos inocentes simplemente por su apariencia física. Pero es especialmente la escena que podemos ver en este corte, la que recordé mas fuertemente por el dialogo directo mantenido entre el General y los políticos asesores del presidente, especialmente el senador.

  • Secretario del presidente: “El avión del presidente aterrizará dentro de dos horas y debemos ofrecerle un consenso”.
  • Senador: “No se detiene a un perro rabioso con las normas de la protectora de animales. Lo que haces es soltar a tu perro que es más grande y más rabioso”.
  • General Devereaux: “El ejército es un sable no un escalpelo. Créame senador, no querría tener al ejército en una ciudad americana”.

¿Contundente no? El ejército es un sable no un escalpelo. El consejo del General a los políticos era que la situación tal vez ameritaba la exactitud quirúrgica de un bisturí para extirpar el tumor y no el espadazo del soldado para rebanar la cabeza de los que encuentre a su marcha. Pero ese consejo no fue oído y le dieron la orden de actuar. Y cuando al ejército se le dice que actué, pues actúa.

En el tiempo en que Chile declaró su “estado de excepción y toque de queda” el ejército y carabineros chilenos causaron 20 muertos y más de 2.000 heridos. En Ecuador, la orden de Lenin Moreno al ejército para reprimir las protestas callejeras causaron 10 muertos y más de 1.300 heridos. Y en Bolivia, tras el golpe de estado a Evo Morales, las fuerzas armadas ya contabiliza más de 30 muertos en su haber y más de 500 heridos.

En los tres países, además, los poderes del estado invistieron a los militares del privilegio de actuar sin culpas. En Chile el presidente Piñera envió al congreso un proyecto de ley para permitirle a las fuerzas armadas actuar en la protección de infraestructura crítica de ese país, sin necesidad de establecer el Estado de excepción. Se prevé además modificar el Artículo 208 del Código de Justicia Militar para “eximir las responsabilidades penales y criminales” de los soldados en su actuación represiva. En Bolivia el régimen de Jeannine Añez emitió el decreto 4078 que también exime de responsabilidad penal a los militares responsables de los crímenes cometidos durante las protestas y en el que además autoriza a los militares a usar “todos sus medios disponibles” para controlar las manifestaciones. En Brasil el presidente Jair Bolsonaro acaba de enviar el congreso un proyecto de ley calcado del decreto supremo boliviano de Jeannine Añez, que amplía la denominada “exclusión de ilegalidad”, es decir las causales por las cuales los militares pueden usar armas de fuego contra la ciudadanía y quedar eximidos de responsabilidades penales.

En Uruguay, el presidente del Centro Militar, coronel Carlos Silva Valiente, recientemente sorprendió a la prensa con las declaraciones públicas solicitando “carta blanca” para los militares que son llamados a combatir contra la sociedad en Latinoamérica. Exponiendo además su diagnóstico de que los hechos que se viven en Chile, Ecuador y Colombia, también se pueden vivir en Uruguay y Argentina.

Chile, Ecuador, Colombia, Bolivia, Brasil, Uruguay son países gobernados hoy por la derecha conservadora, pero este momento fascistoide que estamos viviendo hoy en Latinoamérica no es exclusivo de la derecha. También la izquierda hace lo propio en Venezuela, donde el régimen de Nicolás Maduro, sustentado por las fuerzas armadas envió a sus soldados a reprimir al pueblo venezolano toda vez que éste marchó para protestar, produciendo incluso la muerte de muchísimos estudiantes desarmados. Y en México, país gobernado hoy por el izquierdista partido Morena de Andrés Manuel López Obrador, dio continuidad a la intervención de las fuerzas armadas en la lucha contra el narcotráfico iniciada en los 2000 por el derechista PRI y continuada por el ultraliberal PAN.

Este auge del militarismo que estamos presenciando en nuestro continente no reconoce padre ideológico, pero si a su madre en la pérdida de representación de la democracia tras el fracaso del capitalismo liberal post noventas que, tras la caída del muro de Berlín, nos prometía un futuro promisorio que nunca llegó.

“Hoy el 83% de los ciudadanos de América Latina no creen en ningún partido político”, afirmó recientemente el prestigioso sociólogo y economista español Manuel Castells en nota al diario La Nación en Argentina. Y ese dato corrobora otro que recibí de mi profesor Carlos Fara en el cursado de mi diplomatura en marketing político, que en el módulo del electorado latinoamericano y los estudios de opinión pública, nos mostraba que casi 1/3 de la población del subcontinente apoyaría que los militares se hagan cargo de los gobiernos.

Una encuesta reciente de la consultora TresPuntoZero de la colega ShilaVilker muestra que el 53,8% de la sociedad argentina no tiene ninguna confianza en los actuales poderes del estado.

Y otra encuesta de la consultora Proyección, muestra que el 75% de los votantes de Juntos por el Cambio y el 10% de los votantes del Frente de Todos, estarían dispuestos a aceptar “intervenciones militares” en nuestro país, si ellas consideraran que las instituciones democráticas estuvieran fallando a sus fines, como por ejemplo en el mal manejo de la economía o con actos de corrupción.

Frases como “esto con los militares no pasaba”, “tendrían que volver los militares”, “con los militares se termina la joda” se escuchan cada vez más en las reuniones sociales. Y de alguna manera generan actitudes repudiables como las vividas en el CPEM 64 de Neuquén, donde personas anónimas colgaron una foto del dictador Jorge Rafael Videla tapando el pañuelo blanco que simboliza la lucha de las Madres de Plaza de Mayo.

Vivimos momentos confusos en nuestro país y continente. Momentos de fuerte incertidumbre económica y crisis política. Momentos en que nuestra clase dirigencial debería hacer el esfuerzo supremo de unirse para recuperar la confianza y defender el valor de la Democracia consensuando los presupuestos mínimos posibles que palien el malestar de la gente y les devuelva la certidumbre en el futuro.

El ejemplo debe venir de ellos. De arriba.

Y como empecé esta nota con una cita cinéfila, ejemplificaré esta conducta que necesitamos de nuestra dirigencia política en otra, el episodio 5to de la 3ra temporada de la serie de Netflix “The Crown”, justamente llamado “Golpe de Estado”, donde la reina Isabel II aborta de cuajo un alzamiento militar que estaba a punto de protagonizar el tío de su marido y almirante de la marina real, Lord Louis Mountbatten, contra el gobierno del laborista Harold Wilson. En un exquisito diálogo, la reina Isabel le deja en claro a su pariente militar que ella no convalidará tal golpe porque su función como jefa de estado es proteger la democracia inglesa.

Ojalá todos nuestros gobernantes latinoamericanos entiendan también la defensa de la Democracia es su primera responsabilidad.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

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Opinión

La UCR es un partido político, no un club de amigos

Nota de opinión por el Comité UCR General Roca.

La actual conducción de la UCR de Río Negro ha difundido a través de las redes sociales que el día 30 /11 organizó una “jornada de trabajo “dirigida a los Intendentes, Concejales, Revisores de Cuentas electos y autoridades partidarias.

En lugar de realizar una convocatoria amplia y horizontal a los afiliados y simpatizantes radicales para entre todos intentar hacer un balance crítico de las últimas elecciones, de encontrar cuales han sido nuestros errores, para pasar del 32 % de votos en 2017 a un casi vergonzante 5 % en las últimas elecciones de este año, la actual conducción partidaria prefiere esconder la cabeza como el avestruz y proponer una agenda de trabajo para el año 2020, como si aquí no hubiese pasado nada.

En vez de explicar y debatir las razones por las cuales la UCR, por primera vez desde el retorno de la democracia no tendrá un solo representante en la futura legislatura rionegrina, se propone el lanzamiento de un Instituto de políticas públicas, que ya ha funcionado hace varios años y se decide mantener su dirección en cabeza de la misma persona que lo ha hecho, sin haber obtenido grandes resultados.

Se pretende realizar un taller de trabajo con los Intendentes y concejales electos, sin reparar en las razones por las cuales cada vez tenemos menos intendentes y menos concejales. Pero aquí no terminan las omisiones, en ningún punto del temario se propone el necesario debate acerca de cual ha sido el resultado de la política de alianzas llevadas hasta el presente y lo que es más importante, se da por hecho que seguiremos aliados al PRO sin ningún tipo de discusión o reparos.

Es por todo ello que no debemos ni queremos, convalidar con nuestra presencia un encuentro en el que se maquilla una realidad partidaria cada vez más angustiante.

En definitiva, desde el Comité de General Roca creemos que la actual conducción de la UCR rionegrina, en lugar de poner en funcionamiento los diversos órganos partidarios como el plenario del Comité o la Convención, para que entre todos los radicales podamos discutir y definir el futuro de nuestro partido, prefiere manejarse como si fueran un grupo pequeño de amigos que deciden el futuro de todos, así nos va.

Comité UCR General Roca.

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