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Opinión

Efecto sin veneno

Nota de opinión por Ariadna Anderson (Instagram: @sin.veneno).

Leer las etiquetas de los productos alimenticios se ha convertido, en el último tiempo, en una afición; y recabar la información de los ingredientes o entender la composición de los productos me lleva al interrogante: ¿sabemos lo que comemos?

Hace un tiempo comencé a leer etiquetas de productos alimenticios que frecuentaban en mi casa y la mayoría de las veces ni siquiera era capaz de pronunciar los ingredientes. Me di cuenta que nos estábamos alimentando a base de productos consumibles y no de alimentos.

Cada producto que vemos en un paquete de la góndola del supermercado, esconde algo detrás. En general, los mismos ingredientes, baratos para la industria, aceite, harinas refinadas y azúcar, sumando aditivos, colorantes, conservantes, saborizantes y disfrazados de distintas maneras, nos llevan a comprar productos caros creyendo que nos van a hacer bien.

Existe un mundo de nutrientes fuera del supermercado. Es importante brindar información y mostrar que hay muchas opciones para evitar los ultraprocesados, todos conocemos una tienda donde comprar productos más naturales, y ni hablar de la zona en la que vivimos, donde hacer una huerta o conseguir productos frescos, de estación y producidos a través de métodos agroecológicos, no es ninguna misión imposible.

No hace falta ser cocinero ni tener una billetera abultada, ni siquiera necesitamos que nos sobre el tiempo para pasar horas dentro de la cocina. Es necesario abrir los ojos y por lo menos entender que estamos siendo engañados bajo leyendas que nos hacen creer que un producto nos brinda ciertos beneficios, que tiene más nutrientes que cualquier otro, que le agregaron vitaminas para que nuestros hijos crezcan fuertes y sanos.

La alimentación saludable no va del lado de lo fit, esto no se trata de contar calorías, sino de sacarnos la venda que la industria alimentaria y el marketing nos ha puesto en los ojos y ver que hay un mundo de comida real, sin conservantes, colorantes ni aditivos, hay ingredientes y alimentos de verdad y que lo ideal es incorporarlos de la forma en la que la naturaleza nos los brinda.

Busquemos ingredientes en su estado más natural posible, que hayan sufrido la menor cantidad de procesos industriales. Propongámonos incorporar comida de verdad, cocinemos con lo que hay, con lo que la tierra nos entrega, que la estacionalidad nos guíe, respetemos los tiempos y el medio ambiente.

Llevar a cabo una alimentación sin veneno es extender la mirada más allá de la góndola, darnos la oportunidad de cuestionarnos qué le estamos brindando a nuestro cuerpo, de donde vienen los alimentos, prestar más atención a lo que sentimos, qué nos hace bien y qué nos hace mal, recuperar métodos de cocción ancestrales, respetando siempre las decisiones del otro, y siendo amables con la naturaleza.

No es difícil, no es más caro, no lleva mucho tiempo, solo es necesario incorporar herramientas y tomar conciencia porque nos enseñaron que la Tierra es algo que debemos explotar y que el valor de los productos habita en nuestro bolsillo.

Generemos entre todos el efecto Sin Veneno.

Ariadna Anderson.
Instagram: @sin.veneno.

Opinión

Grieta: hechos y percepciones

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

“Los hechos son los hechos, pero la realidad son las percepciones” decía Albert Einstein y los que estudian la mecánica cuántica es lo primero que aprenden. Pero lo explicaré mejor con un ejemplo que no es de Einstein: una persona dibuja un número en el piso. Dos personas se sitúan frente a frente ara verlo. Una ve un 6 y la otra un 9. La persona, la acción y el número dibujado configuran el echo. Pero cada una de las personas perciben una realidad diferente de él.

“La realidad se construye socialmente” afirma la tesis de Berguer y Luckmann y cualquiera que haya estudiado algo relacionado a las ciencias sociales, es lo primero que aprende.

“Quien controla el ámbito de las metáforas tiene un poder fundamental sobre la imaginación de los individuos y sobre sus acciones” nos enseña la teoría de los marcos conceptuales de Lakoff que explica como se utiliza la lingüística cognitiva para imponernos lo que debemos pensar. Y cualquiera que haya estudiado publicidad es de las primeras cosas que aprende.

“Un mundo construido desde lo familiar es un mundo donde no hay nada que aprender, ya que hay auto propaganda invisible, que nos adoctrina con nuestras propias ideas”, detalla Eli Pariser para explicar su teoría de los filtros burbujas que forman los algoritmos de internet para vendernos cosas (e ideas) fundamentados en la teoría de los marcos de Lakoff y que deviene, por acción de la política, en la conformación de sociedades tribales que polarizan todo lo que pueda ser polarizable, formando las famosas ‘grietas’.

Los consultores en marketing político (y acá excluyo a aquellos menos utilitarios y más académicos como los consultores en comunicación política) usamos estos conceptos básicos para armar nuestras estrategias ‘persuasivas’ de comunicación política. También usamos muchos otros conceptos, según el caso puntual a tratar, pero con estos intentaré explicar porqué la mayoría de mis amigos personales y virtuales en las redes sociales, están inmersos en una lucha sin cuartel, agrietados por el caso boliviano, por ejemplo hoy, como ayer lo estuvieron con otros.

El hecho einsteniano en si es que el presidente Evo Morales abandonó el gobierno de Bolivia y en su lugar asumió la vicepresidenta segunda de la cámara de senadores, representante de la primera minoría política, con el aval de la bancada opositora, las fuerzas armadas y la policía.

Para una tribu, liberal-conservadora (leer el post-liberalismo de Mariano Grondona) esta es una respuesta legítima de salvaguarda de los valores de la república, que en su división de poderes contrapesa (con los poderes de facto) el previo avasallamiento institucional que hiciera Evo Morales al hacer fraude en las elecciones, manipulando el resultado del escrutinio, para impedirle a su adversario Mesa el derecho al ballotage.

Esgrimen además otros argumentos de índole constitucional como la violación previa de la constitución que impedía la re-relección y el no acatamiento del resultado del plebiscito que le negaba, además, esa opción.

Para la otra tribu, popular-progresista (Nac&Pop, populista de izquierda, bolivariana) esto fue un golpe de estado producido por las derechas típicas sustentado en el poder imperial norteamericano, que ve en la vuelta de las izquierdas latinoamericanas (motivadas por la victoria de Alberto Fernández en Argentina, la liberación de Lula en Brasil y la revolución clasista chilena) una amenaza a sus intereses económicos-políticos en la región.

Ambas tribus perciben los que sus esquemas mentales les limitan ver y lo justifican en sus metáforas experienciales previas, azuzados por los mensajes de sus líderes, como el del presidente de Brasil Jair Bolsonaro que dijo: “La palabra ‘golpe’ se usa mucho cuando pierde la izquierda, ¿verdad? Cuando ganan, es legítimo. Cuando pierden, es un golpe”. Pero además Bolsonaro va más allá y afirmó en uno de sus tuits que “las denuncias de fraude electoral llevaron al presidente Evo Morales a renunciar”.

Quienes intentamos excluirnos de esa grieta polarizada entendemos que, si hay interrupción abrupta de un gobierno y es reemplazando por otro gobierno no elegido por las mayorías populares y en dicho proceso intervienen las fuerzas armadas y/o policiales o parapoliciales. Ese hecho configura un Golpe de Estado, liso y llano.

Esa, por lo menos es mi percepción de la realidad boliviana y que comparto con muchos líderes políticos, colegas y amigos. Y además ha sido sustentado por eximios especialistas en política internacional, insospechados de pertenecer a la tribu socialista, comunista, chavista o kirchnerista, como la ex canciller del gobierno macrista, Susana Malcorra, quien dijo recientemente a la prensa: “En Bolivia hubo un golpe de Estado, no es una cuestión debatible”.

¿Te acordás de Lakoff que mencioné al principio? Bueno, la palabra “fraude” que venía siendo pronunciada por los líderes de la tribu opositora a Morales, como Bolsonaro por ejemplo, puesta en boca de los auditores de la OEA, puso en marcha el proceso destituyente de Morales, que hasta allí solo se manifestaba como una profunda crisis de representación política, pero no había puesto en tela de juicio su condición de gobernante. Fue la metáfora que activó “el golpe”.

Pero el informe de la OEA no usa la palabra fraude, usa otros sinónimos como “manipulación”, “irregularidades”, “falsificación”. “Fraude” usaron los políticos opositores a Morales para azuzar las emociones más primitivas de sus fieles, que en hordas salieron a prender fuego media Bolivia y aplaudieron a rabiar el golpe de estado.

El de Fraude es ni más ni menos que un relato, una narrativa construida desde el marketing político con el fin de convertir al “otro” en un monstruo que hay que destruir y remplazar por los buenos de nosotros. El maniqueísmo (lucha ética del bien y el mal donde el bien somos nosotros y el mal los otros) forma parte ineludible de las herramientas apelables a la construcción del relato.

Así por ejemplo lo demuestran los estudios realizados por Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), una organización norteamericana que se tomó el trabajo de investigar el escrutinio de la elección boliviana y contrastarlo con el informe de la OEA. La periodista politica estrella de la CNN, Carmen Aristegui (autora del concepto “círculo rojo”) lo explica en su blog: https://aristeguinoticias.com/1211/mundo/no-hubo-fraude-en-elecciones-de-bolivia-think-tank-de-eu-contradice-informe-de-oea/.

Y además el científico informático argentino Rodrigo Quiroga lo confirma en su cuenta de tuiter @rquiroga777, explicando detalladamente su trabajo coincidente con el de esa organización norteamericana y con el de Walter Mebane, autoridad mundial en investigación de fraude electoral, que también afirma que en Bolivia no hubo fraude electoral.

Los hechos son los hechos, dijo Einstein. Los hechos están acá presente. Pero cada quien, según el lado de la grieta en que se encuentre, percibirá la realidad que más le convenga a sus intereses.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

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Opinión

De la buena gente y la política

Nota de opinión por Federico Vasches, miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

El otro día me enteré que el papá de un amigo estaba internado y más allá de la complejidad de la operación, automáticamente quise que se repusiera rápidamente y le dieran el alta.

Frente a esta noticia, una gran cantidad de recuerdos y sensaciones en torno a esta persona me abordaron; en limpio: que es una buena persona.

Es cierto que uno es la medida de las cosas, que en base a cómo el resto interactúa con nosotros (lo que nos dicen, cómo nos tratan, qué nos expresan), nos vamos formando una figura, un concepto del otro al cual vamos otorgándole etiquetas y así lo constituimos en amigo o no, en cercano o no, en mala o buena persona.

Ahora bien esta situación que pareciera estrictamente la reacción de alguien frente a una noticia de salud, bien puede ser extendida al universo de lo público y de la política en particular.

A continuación, algunas sugerencias para comprender por dónde transcurre el asunto:

  • En el plano personal uno va formando un concepto del otro, según sus experiencias y las veces en que se vieron e interactuaron. Luego vamos ordenando esa información y la tamizamos con varios filtros, qué se de él, de dónde viene, cómo me trató, qué me dijo. Algo similar sucede con quienes son parte de la política, ya que si bien ocupan un cargo público, no dejan de ser personas las cuales (amén de su investidura), pueden faltar el respeto al otro o no tener el mejor trato.
  • Uno acaba juzgando y catalogando en agradable o desagradable, en buena o mala persona (según sus conocimientos y relaciones con el otro), a las personas en su vida corriente y en la política por igual
  • Una forma interesante (que debe ser abordada con la objetividad suficiente) de repensar si quien me cae bien o mal, se muestra así en otros ámbitos, es consultarle a conocidos en común sobre él en otro rol. Entonces sobre esta persona podremos oír buenas o malas críticas en el ámbito familiar (un gran padre, presente, atento o todo lo contrario), en el laboral (un gran trabajador, siempre para adelante, con muchas ganas o todo lo contrario), en el interpersonal (es un tipo muy simpático, agradable, súper cómico o todo lo contrario). Y así podemos constatar esa sensación que tenemos sobre el otro.
  • Este mismo ejercicio puede y deber ser desarrollado en la política, en particular sobre quienes ocupan los cargos, para comenzar a comprender cómo los ejercen. Quien está en un cuerpo deliberante, más allá de sonreír, mostrarse en las fotos con el y los candidatos y siempre andar rodeado de “su gente” en eventos públicos; ¿trata bien a las personas con quien se encuentra? ¿Qué opinión tienen sobre él el resto? ¿Ha trabajado incansablemente en conseguir desde el lugar de privilegio que ocupa, hacer algo para mejorar la vida de los que representa?

El desafío entonces es entender que en el plano personal que alguien tenga un buen concepto mío se debe en gran medida a las relaciones interpersonales y al trato que dispense a los demás, mientras que en política ese es el inicio, porque se puede tratar muy bien al resto y en nombre de la gestión atentar contra los intereses de quienes me hayan votado.

Se agrega al análisis la dimensión laboral, política e institucional, en clave de si hace lo que dijo que iba a hacer o se olvidó y paradójicamente, está haciendo todo lo contrario. Ya que en este caso, de qué nos serviría tener un funcionario público buena persona, que no cumple con sus tareas o peor aún, que cada vez que hace con eso, perjudica a muchos otros.

Federico Vasches.
Miembro del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro e Integrante de Unidad Ciudadana.

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Cambio climático y pobreza “El que parte y reparte no tiene que quedarse con la mejor parte”

Nota de opinión por Álvaro Vicente López, Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

En la nota de opinión de Infobae de  Alieto Guadagni, Miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, que se titula “Cambio climático: no hay tiempo que perder” resalta varios aspectos reales de las  causas y efectos del calentamiento global y el Cambio Climático, y en una de sus afirmaciones indica que “el crecimiento económico es esencial para poder abatir la pobreza mundial, por eso es alentador que sea falso el dilema entre “crecimiento económico con más emisiones” o “menos crecimiento con menos emisiones””.

La afirmación de Alieto Guadagni es más compleja de lo que se plantea, porque no solo existe un problema de emisiones en el mundo, sino también, hay una gran presión sobre la naturaleza o recursos naturales: una sobreexplotación de los ecosistemas; la agricultura y la ganadería avanzan sobre las selvas destruyendo su biodiversidad;  los mares reciben anualmente ocho millones de toneladas de plástico; la extracción de peces superan su capacidad de reposición; los ríos son contaminados por efluentes cloacales y desechos industriales, todo ello nos muestra que el crecimiento ilimitado es perjudicial al medio ambiente. En síntesis, puede haber crecimiento económico con menos emisiones, es probable, pero el crecimiento económico igualmente genera otros efectos secundarios sobre el Medio Ambiente. El problema no es crecer para reducir la pobreza, la pobreza se reduce con mayor y mejor distribución de bienes, servicios y recursos.

Por ejemplo: Según datos del informe “La obesidad en el mundo” de Serrano-Castillo, en  2014, más de 1900 millones de adultos mayores de 18 años tenían sobrepeso, de los cuales, mas de 600 millones eran obesos,  por otro lado  la ONU nos indica que 821 millones de personas padecen hambre y más de 150 millones de niños sufren retraso del crecimiento. En este caso podemos observar que el problema no es que falta crecer económicamente para terminar con el hambre, sino que falta distribuir recursos para terminar con el hambre.  

Otro ejemplo es el conflicto actual en Chile, el hartazgo de una población oprimida por la desigualdad del modelo neoliberal sostenido desde hace mas de 30 años, con carencias en salud, educación y explotación laboral llevó a dicho país a un alto nivel de conflicto, siendo la causa más importante la desigualdad, ya que el 1% más adinerado del país, en 2017, se quedó con el 26,5% de la riqueza, mientras que el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1% de la misma.

El problema es la distribución, es necesario de manera urgente: que los Estados sean responsables de la distribución del ingreso con una perspectiva de desarrollo social para reducir la pobreza; que los modelos económicos cambien, con un  sistema de distribución del ingreso que afecte a los que más tienen para favorecer al resto de la población, porque la teoría del derrame, que apaña al crecimiento,  es solo un justificativo para que los ricos se enriquezcan mas.

Álvaro Vicente López.
Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

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