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Opinión

Grieta: hechos y percepciones

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

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“Los hechos son los hechos, pero la realidad son las percepciones” decía Albert Einstein y los que estudian la mecánica cuántica es lo primero que aprenden. Pero lo explicaré mejor con un ejemplo que no es de Einstein: una persona dibuja un número en el piso. Dos personas se sitúan frente a frente ara verlo. Una ve un 6 y la otra un 9. La persona, la acción y el número dibujado configuran el echo. Pero cada una de las personas perciben una realidad diferente de él.

“La realidad se construye socialmente” afirma la tesis de Berguer y Luckmann y cualquiera que haya estudiado algo relacionado a las ciencias sociales, es lo primero que aprende.

“Quien controla el ámbito de las metáforas tiene un poder fundamental sobre la imaginación de los individuos y sobre sus acciones” nos enseña la teoría de los marcos conceptuales de Lakoff que explica como se utiliza la lingüística cognitiva para imponernos lo que debemos pensar. Y cualquiera que haya estudiado publicidad es de las primeras cosas que aprende.

“Un mundo construido desde lo familiar es un mundo donde no hay nada que aprender, ya que hay auto propaganda invisible, que nos adoctrina con nuestras propias ideas”, detalla Eli Pariser para explicar su teoría de los filtros burbujas que forman los algoritmos de internet para vendernos cosas (e ideas) fundamentados en la teoría de los marcos de Lakoff y que deviene, por acción de la política, en la conformación de sociedades tribales que polarizan todo lo que pueda ser polarizable, formando las famosas ‘grietas’.

Los consultores en marketing político (y acá excluyo a aquellos menos utilitarios y más académicos como los consultores en comunicación política) usamos estos conceptos básicos para armar nuestras estrategias ‘persuasivas’ de comunicación política. También usamos muchos otros conceptos, según el caso puntual a tratar, pero con estos intentaré explicar porqué la mayoría de mis amigos personales y virtuales en las redes sociales, están inmersos en una lucha sin cuartel, agrietados por el caso boliviano, por ejemplo hoy, como ayer lo estuvieron con otros.

El hecho einsteniano en si es que el presidente Evo Morales abandonó el gobierno de Bolivia y en su lugar asumió la vicepresidenta segunda de la cámara de senadores, representante de la primera minoría política, con el aval de la bancada opositora, las fuerzas armadas y la policía.

Para una tribu, liberal-conservadora (leer el post-liberalismo de Mariano Grondona) esta es una respuesta legítima de salvaguarda de los valores de la república, que en su división de poderes contrapesa (con los poderes de facto) el previo avasallamiento institucional que hiciera Evo Morales al hacer fraude en las elecciones, manipulando el resultado del escrutinio, para impedirle a su adversario Mesa el derecho al ballotage.

Esgrimen además otros argumentos de índole constitucional como la violación previa de la constitución que impedía la re-relección y el no acatamiento del resultado del plebiscito que le negaba, además, esa opción.

Para la otra tribu, popular-progresista (Nac&Pop, populista de izquierda, bolivariana) esto fue un golpe de estado producido por las derechas típicas sustentado en el poder imperial norteamericano, que ve en la vuelta de las izquierdas latinoamericanas (motivadas por la victoria de Alberto Fernández en Argentina, la liberación de Lula en Brasil y la revolución clasista chilena) una amenaza a sus intereses económicos-políticos en la región.

Ambas tribus perciben los que sus esquemas mentales les limitan ver y lo justifican en sus metáforas experienciales previas, azuzados por los mensajes de sus líderes, como el del presidente de Brasil Jair Bolsonaro que dijo: “La palabra ‘golpe’ se usa mucho cuando pierde la izquierda, ¿verdad? Cuando ganan, es legítimo. Cuando pierden, es un golpe”. Pero además Bolsonaro va más allá y afirmó en uno de sus tuits que “las denuncias de fraude electoral llevaron al presidente Evo Morales a renunciar”.

Quienes intentamos excluirnos de esa grieta polarizada entendemos que, si hay interrupción abrupta de un gobierno y es reemplazando por otro gobierno no elegido por las mayorías populares y en dicho proceso intervienen las fuerzas armadas y/o policiales o parapoliciales. Ese hecho configura un Golpe de Estado, liso y llano.

Esa, por lo menos es mi percepción de la realidad boliviana y que comparto con muchos líderes políticos, colegas y amigos. Y además ha sido sustentado por eximios especialistas en política internacional, insospechados de pertenecer a la tribu socialista, comunista, chavista o kirchnerista, como la ex canciller del gobierno macrista, Susana Malcorra, quien dijo recientemente a la prensa: “En Bolivia hubo un golpe de Estado, no es una cuestión debatible”.

¿Te acordás de Lakoff que mencioné al principio? Bueno, la palabra “fraude” que venía siendo pronunciada por los líderes de la tribu opositora a Morales, como Bolsonaro por ejemplo, puesta en boca de los auditores de la OEA, puso en marcha el proceso destituyente de Morales, que hasta allí solo se manifestaba como una profunda crisis de representación política, pero no había puesto en tela de juicio su condición de gobernante. Fue la metáfora que activó “el golpe”.

Pero el informe de la OEA no usa la palabra fraude, usa otros sinónimos como “manipulación”, “irregularidades”, “falsificación”. “Fraude” usaron los políticos opositores a Morales para azuzar las emociones más primitivas de sus fieles, que en hordas salieron a prender fuego media Bolivia y aplaudieron a rabiar el golpe de estado.

El de Fraude es ni más ni menos que un relato, una narrativa construida desde el marketing político con el fin de convertir al “otro” en un monstruo que hay que destruir y remplazar por los buenos de nosotros. El maniqueísmo (lucha ética del bien y el mal donde el bien somos nosotros y el mal los otros) forma parte ineludible de las herramientas apelables a la construcción del relato.

Así por ejemplo lo demuestran los estudios realizados por Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), una organización norteamericana que se tomó el trabajo de investigar el escrutinio de la elección boliviana y contrastarlo con el informe de la OEA. La periodista politica estrella de la CNN, Carmen Aristegui (autora del concepto “círculo rojo”) lo explica en su blog: https://aristeguinoticias.com/1211/mundo/no-hubo-fraude-en-elecciones-de-bolivia-think-tank-de-eu-contradice-informe-de-oea/.

Y además el científico informático argentino Rodrigo Quiroga lo confirma en su cuenta de tuiter @rquiroga777, explicando detalladamente su trabajo coincidente con el de esa organización norteamericana y con el de Walter Mebane, autoridad mundial en investigación de fraude electoral, que también afirma que en Bolivia no hubo fraude electoral.

Los hechos son los hechos, dijo Einstein. Los hechos están acá presente. Pero cada quien, según el lado de la grieta en que se encuentre, percibirá la realidad que más le convenga a sus intereses.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

Opinión

Las elecciones estadounidenses de 2020

Nota de opinión por Isidoros Karderinis, novelista, poeta y columnista.

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La elección presidencial del 3 de noviembre de 2020 fue indudablemente la elección más importante en la historia de la posguerra de EE. UU. En estas elecciones, por tanto, la participación de los votantes estadounidenses fue la mayor desde 1900, lo que demuestra el resurgimiento de su interés político y el clima fuertemente polarizador que imperaba en el país. Al mismo tiempo, Joe Biden puede haber ganado el voto popular (4,5 millones de votos más que Trump) y los electores necesarios, pero Donald Trump ha demostrado una gran durabilidad, teniendo de hecho en su contra casi todos los medios, la gran mayoría de Hollywood y el todo establecido.

Estas elecciones mostraron la profunda división en los Estados Unidos, que en muchos lugares llevó a resultados electorales extremadamente marginales. El intenso enfrentamiento entre las dos partes y la retórica y práctica extremas no es un hecho aislado y puede profundizarse aún más, teniendo un impacto negativo en el país.

Las razones de la resiliencia electoral de Trump se deben a que el presidente Trump había adoptado una retórica antisistémica de denuncia de las élites, a las que sin embargo pertenece, así como una táctica agresiva contra las fuerzas de la globalización, aspectos que tocaron fuertemente grandes sectores de la clase media y, por supuesto, la clase trabajadora.

Entonces, a los desempleados, a las personas que sienten que no tienen voz, a los habitantes de la provincia que son ridiculizados por sus modales y costumbres por los arrogantes residentes metropolitanos, incluso a los ciudadanos pertenecientes a minorías pero también a todas las grandes comunidades, como los afroamericanos y latinos, el discurso de Donald Trump ha encontrado y sigue encontrando una gran resonancia. Y esto a pesar de que todos los movimientos por la protección de los derechos (black lives matter, etc.) estaban claramente en su contra.

Y si no se hubiera producido la pandemia de coronavirus y no hubiera estallado la segunda ola, que está golpeando a Estados Unidos con tanta violencia como la primera, Donald Trump habría ganado fácilmente las elecciones. Así, después de los primeros tres años de resultados económicos positivos de la administración Trump, el cierre de marzo provocó el cierre de muchas pequeñas y medianas empresas, mientras que más de 20 millones de estadounidenses se quedaron repentinamente sin trabajo.

Y Donald Trump sin duda habría ganado las elecciones presidenciales sin la crisis de salud dado el hecho de que Joe Biden, quien expresa el internacionalismo neoliberal, el proceso de globalización relacionado y la «sociedad abierta» de las ONG y las muy poderosas instituciones económicas como las fundaciones George Soros y Bill Gates. etc., claramente parecía haberse quedado sin fuerzas, propuestas y consignas antes incluso de llegar a la línea de meta.

Los oponentes políticos de Trump y la mayoría de los analistas y encuestadores se habían centrado en los rasgos arrogantes y egoístas de su personalidad, un excéntrico y muy impulsivo sin duda multimillonario, y por supuesto se equivocaron al creer que sería derrotado con una gran diferencia. El trumpismo como fenómeno ideológico y social es cierto, por tanto, no se ha ido, está presente y seguirá existiendo. Trump no es solo un paréntesis en la historia política de Estados Unidos, sino que expresa tendencias obvias específicas en la sociedad estadounidense y la burguesía.

Los ciudadanos estadounidenses quieren prosperar económicamente en un país donde prevalecerá la paz social, el orden y la seguridad. Debido a la globalización, muchas unidades industriales se han ido a países pobres donde hay una mano de obra barata. Entonces, la clase trabajadora de Estados Unidos resultó muy herida. Trump fue quien reclamó el regreso de las fábricas a su país, anteponiendo a EE.UU. y al pueblo estadounidense, en el contexto de la tendencia ideológica del conservadurismo etnocéntrico.

Y a otros países, especialmente a los poderosos, puede que no les guste la política de «Estados Unidos primero», pero no ocurre lo mismo con el ciudadano estadounidense promedio, especialmente en América profunda y los estados centrales.

El 20 de enero, Joe Biden se sentará en su silla en la Oficina Oval con Kamala Harris, en el cargo de vicepresidenta, por primera vez en el cargo, una mujer de ascendencia africana, jamaicana e indio. Durante su mandato y en base a lo que dijo, Estados Unidos volverá al Tratado Climático de París, según el cual el objetivo mínimo de los estados es mantener la temperatura en más 2 grados Celsius (+2 C), y eso será un desarrollo positivo, ya que el cambio climático no es un «mito». Y esto se puede ver fácilmente si se observan los fenómenos meteorológicos extremos que ocurren en el planeta. No olvidemos que Estados Unidos es el segundo mayor contaminante del mundo después de China.

Además, los organismos multilaterales, como p.ej. La OTAN, la ONU y sus ramificaciones, que han sido fuertemente desafiadas por el presidente saliente Trump, probablemente serán tratadas de manera diferente por la administración de Joe Biden, pero las relaciones de Estados Unidos con sus aliados europeos pueden moverse en otras direcciones.

Cabe señalar en este punto que Donald Trump había amenazado repetidamente con retirar a Estados Unidos de la OTAN y reducir su contribución si otros miembros no mostraban voluntad de aumentar su gasto en la organización. Las relaciones entre Alemania y Estados Unidos también se han tensado durante los últimos cuatro años, con Trump amenazando a la industria automotriz alemana y a la Unión Europea en su conjunto varias veces con impuestos. Las relaciones de Washington con Bruselas también se congelaron después de su decisión de retirar a Estados Unidos de los acuerdos climáticos internacionales e Irán por su programa nuclear.

Sin embargo, si los republicanos finalmente logran el control del Senado, causarán muchos problemas profundos al nuevo presidente Joe Biden, ya que bloqueará la mayor parte de su agenda legislativa.

Para terminar, me gustaría enfatizar que el predominio de Joe Biden, quien también ha protagonizado todas las características patogénicas que llevaron a Estados Unidos a su declive actual, es decir, las desigualdades sociales generalizadas, el estado de bienestar problemático, el favor a las élites financieramente fuertes, la anarquía internacional, etc., no va a llevar a Estados Unidos por caminos brillantes. Además, no presentó un plan de programa inspirador, integral y convincente para la reorganización social, económica y política de la sociedad y el país.

Isidoros Karderinis
Novelista, poeta y columnista.

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Opinión

Con los jubilados no

Nota de opinión por la Asociación Jubilados Río Negro.

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Los jubilados venimos sufriendo mermas en nuestros haberes jubilatorios en forma sistemática con distintos gobiernos. A ello, debimos sumarle últimamente la falta de previsibilidad, al haberse resuelto las actualizaciones vía DNU, lo que objetivamente, ya lo hemos dicho desde esta Asociación, disminuyó el haber previsional de la mayoría de los jubilados. El Gobierno Nacional ha enviado un proyecto de Ley al Congreso con una nueva fórmula.

La fórmula establecida en la Ley de Movilidad suspendida, estaba integrada en un 70% por el índice de inflación y 30% por índice de aumento de salarios de trabajadores estables..

El reciente proyecto de ley del Gobierno elimina el índice de inflación e impulsa que las jubilaciones vuelvan a ajustarse por un mix entre el RIPTE – Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables – (salarios) y Recaudación.

Esta fórmula implicará un manotazo a los bolsillos de la inmensa mayoría de los jubilados. Ello así porque además de quitar el componente «inflación» en los índices de cálculo, también se modifica la periodicidad de su aplicación estableciéndose en seis meses en lugar de los tres meses establecidos en la Ley suspendida, lo que pauperiza aún más el ingreso al sufrir el efecto inflacionario acumulado durante ese período semestral.

En pocas palabras, el «ajuste» será sobre los jubilados, traicionando las promesas expresadas respecto a la clase pasiva por el actual Presidente durante la campaña electoral.

Desde la Asociación Jubilados Río Negro, rechazamos firmemente el proyecto del Poder Ejecutivo Nacional que pretende establecer la fórmula de cálculo de la actualización de las jubilaciones sin el componente inflacionario, entendiendo que debe utilizarse la variable «inflación», que permite preservar el poder adquisitivo, y manteniendo el período de actualización cada tres meses como lo estableció la Ley 27.426.

Miguel Ciliberto, Mercedes Fluriach y Lina Ruggeri
Presidente, vicepresidenta y secretaria de la Asociación Jubilados Río Negro.

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Opinión

Y los legisladores, ¿para qué?

Nota de opinión por Federico Vasches, integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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Esta pandemia ha sacado a relucir la compleja situación política e institucional de los gobiernos, a partir de dos concretos frentes. Por un lado, los renovados y constantes requerimientos de la sociedad en la que se desarrollan, a la vez que su relación inestable con las tecnologías de la información y la comunicación, que los rodea.

Pero bien, no son ni los únicos, ni los más grandes desafíos a los que se enfrentan y es dentro del sistema político, donde se debe comenzar a comprender desde dónde se parte y hacia dónde se avanza.

Esto es lo mismo que afirmar que hay viejos desafíos que presenta la representación política e institucional que deben ser atendidos y a continuación brevemente listados, para su consideración.

I. Existe una suerte de ruptura entre buena parte de la sociedad y los partidos políticos, ya que en buena medida, éstos no dan seguridad y/o garantía futura de acción y/o decisión futura de política pública. Es decir no hay mayor compromiso, ni detalle en plataformas.

II. Por ello, se votan candidatos y no espacios o partidos políticos.

III. Estos candidatos en la mayoría de las veces no representan a sectores, ni a organizaciones libres del pueblo, sino que son apellidos distinguidos de la política o de algunos sectores representantes de las economías concentradas, que pretenden fungir de referencias.

IV. Si bien hay un reclamo que por debajo, cuestiona la falta de requisitos (académicos y/o técnicos – institucionales) para ingresar al cargo público, lo que podría ponerse en valor es la necesidad de brindar y dotar a quienes los ocupan de conocimientos indispensables para la gestión de y en la cosa pública.

V. Quizá lo más alarmante sea la falta de deliberación. Es que en los ámbitos legislativos la idea de deliberar hace alusión a un debate sostenido para llegar a un acuerdo, cuando en los últimos tiempos los debates tienden a no darse y tienden a ser esquivados. Somos entonces, espectadores de ataques cruzados y expresiones irracionales más allá de los parámetros esperados en las instituciones. Aquí vemos que el intento por encontrar un acuerdo queda trunco, y lo que acaba prevaleciendo es la imposición de la mayoría.

Esta pandemia, nos ha traído también nuevos interrogantes, esos que nos interpelan y nos invitan a reflexionar sobre qué uso le dan las administraciones públicas y/o cómo las toman, suponiendo que siempre es tarde y/o sin acabar de comprender el potencial que ellas revisten. Mientras que este uso interno (tan diferente al que la ciudadanía le otorga), no hace más que erigir barreras de desentendimiento entre unos y otros, representantes y representados.

Joan Subirats, da cuenta de una experiencia (que ya parece antigua), al ilustrarnos cómo en el año 2014 en el ayuntamiento de Barcelona se debía votar un tema importante y de forma excepcional le permiten a una Diputada (que se veía imposibilitada a concurrir), participar de esta sesión de manera virtual, desde su casa.

Esta situación se vuelve a repetir seis años más tarde en la gran mayoría de los países del mundo, vemos legisladores (de diversos órdenes y niveles de gobierno) trabajando desde sus casas, a la vez que encontramos a sus asesores legislativos asistiendo a comisiones de forma remota.

Entonces aparece una rápida y concreta pregunta, esa que cala hondo y desordena esa normalidad que nos garantiza la máxima de la representación “no gobernarás, sino a través de tus representantes”; es que si los ciudadanos descubrimos que las administraciones públicas son más permeables a las tecnologías y se abren, ¿para que necesitamos representantes?

En medio de ello una crisis socio económica profunda y mundial que va a requerir (inclusive bajo receta y recomendación del Fondo Monetario Internacional), de más Estado, más presente, con más y mejores servicios públicos, mejores representantes, mejores legisladores, mejores o más actualizados partidos políticos y relaciones con la sociedad civil.

Algunas de las notas que deberían guiar las acciones de los gobiernos deberían estar vinculadas a comprender que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han venido para quedarse y que con ellas o a pesar de ellas, deben mediarse las relaciones con las comunidades.

Que si bien la pandemia nos ha tomado por sorpresa, desprevenidos, también es cierto que nos debe servir para reflexionar a todos por igual (ciudadanos, representantes, estado) debiendo entonces velar por la apertura de nuevos y mejores canales de comunicación y participación activa.

Que sin dudas se renueva el interrogante de para qué tenemos representantes, de para qué sirven los legisladores, y que quizá haya que propender a la construcción de esquemas de Participación Comunitaria Directa. Y que gracias al esfuerzo que esto conlleva, pero también a la oportunidad que las tecnologías nos ofrecen, lo ideal sería avanzar en profundizar las relaciones y con ello comenzar a tejer en la capilaridad social.

Habrá propuestas más técnicas, que pregonen por cuerpos administrativos muy formados, utilización de aplicaciones, aplicativos y/o plataformas digitales para realizar votaciones y/o consultas populares vinculantes (pero no obligatorias) masivas y abiertas a una gran cantidad de temáticas.

Habrá otras de índole política, más vinculadas a la necesidad de acordar, de repensar los mecanismos y funcionamientos de minorías y mayorías, del rol de los partidos políticos y de las representaciones en los territorios, casi minimizando el asunto de la formación técnico – académica, reduciéndola al mundillo de los asesores.

Por mi parte estaría profundamente satisfecho si todo esto nos permite mapear los tejidos asociativos locales, tratando de determinar quién marca y organiza las agendas locales. Es que si descubrimos que no son los gobiernos ni sus representantes quienes comandan los asuntos públicos, sino que por el contrario son las demandas y los grupos “de afuera” quienes marcan el rumbo: ¿de qué tipo de representación estaríamos hablando?

Federico Vasches.
Integrante del Observatorio de Políticas Públicas y Sociales de Río Negro.

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