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Opinión

Dia de las personas con discapacidad: ¿vivimos en una sociedad inclusiva?

Nota de opinión por Emilio Epulef
Periodista. Estudiante de Comunicación Social.

Cada 3 de diciembre se conmemora el día Internacional de Las Personas con Discapacidad, desde 1982 La Asamblea General de las Naciones Unidas, declaro este día como el día de las personas con discapacidad. 18 años después se proclamo en nuestro país, mediante la sanción de la ley 25.346 con la finalidad de generar conductas responsables, consientes y accesibles sobre los derechos que de manera internacional amparan a uno de los sectores sociales mas vulnerables.

 ¿Qué quiere decir cuando una persona tiene una discapacidad?

El articulo 1° de la Convención Internacional de las Personas con Discapacidad afirma que: “toda Persona con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales o sensoriales a largo plazo, que al interactuar con diversas barreras puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad en igualdad de condiciones que las demás.”

¿Cómo sociedad que entendemos cuando hablamos de discapacidad? ¿Estamos preparados para convivir con ellas?

 En principio como sociedad no se utiliza la terminología correspondiente, se las llama discapacitados, minusválidos o personas con capacidades diferentes, pero ¿Qué tienen de diferentes? Cuando todas las personas somos iguales, tenemos los mismos derechos, ya sea a una educación, a la salud, y a un empleo.

Entonces ¿Cómo debería decirse? Se debería utilizar el termino “persona con discapacidad” como sociedad estamos avanzando y en algún momento se dejarán atrás las terminologías viejas que se han utilizado y se utilizan en la actualidad.

Desde pequeños este sector social tiene acceso a la educación, pero en la mayoría de los establecimientos, no se cuenta con los recursos ni el conocimiento necesarios para tratar con ellos, y de alguna manera adaptar el sistema acorde a sus necesidades.

La accesibilidad debe ser plena en todos los niveles, pero no siempre se logra al 100%, en el medio físico las grandes metrópolis no tienen veredas accesibles, para que las personas con movilidad reducida circulen correctamente, no se cuenta con semáforos sonoros para aquellos que tienen baja visión, o ceguera permanente, y tampoco se cuenta con sistema lecto escritura braile y muchos de las personas no conocen el lenguaje de señas, para poder comunicarse con una persona sorda. De esta forma se hace difícil que este sector social, se puedan comunicar con sus semejantes y construir sentidos sobre su realidad.

La ley 22.431/81 promueve en su primera parte que todos los organismos estatales, tengan el 4% de empleados que tengan algún tipo de discapacidad, siempre y cuando estén capacitadas para el cargo, pero esto en muy pocas ocasiones se cumplen, ya que los empleadores se niegan a tomar a personas con alguna discapacidad y se quedan conviviendo en el prejuicio que sufren.

Esto quiere decir que la sociedad en todos sus niveles, sean educativos, físicos y laborales no es del todo inclusiva, pero no todo es exclusión ya que al pasar los años y los distintos gobiernos de nuestro país, se han flexibilizados derechos, como el otorgamiento de pensiones como modo de ayuda social y la firma del tratado internacional en el año 2008 mediante la ley 26.378, que tiene jerarquía Constitucional.

Vivimos en un siglo en el cual la sociedad avanza constantemente y en algún momento será 100% inclusiva y accesible, para poder establecer relaciones más fluidas e interpersonales con ellas y dejar el prejuicio atrás.

Emilio Epulef
Periodista. Estudiante de Comunicación Social.

Opinión

La política es un juego de suma cero

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

En mi anterior nota te contaba sobre los diferentes escenarios que se le presentan al oficialismo y a las oposiciones en la provincia de Río Negro, y me referenciaba en sus rearmados a la teoría del juego de suma cero. En esta ocasión intentaré hacer lo propio con la política nacional. Pero primero explicaré que es el juego de suma cero:

Un juego de suma cero es aquel donde no existe la cooperación para que todos puedan alcanzar un objetivo superior. En este juego competitivo, lo que gana un competidor proviene necesariamente de lo que pierde otro. El Póker es un juego de suma cero, donde el dinero que alza el ganador de la partida es igual a la suma del dinero que pierden los restantes jugadores. La política también.

Esta época que hoy vivimos es, en mi sesgada visión de la historia, hija de la crisis de los partidos políticos que hizo eclosión en 2001/02 donde la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista -oligopolios del poder democrático desde 1916 en que se instaura el voto universal, secreto y obligatorio para elegir gobiernos- se parten en 3 pedazos cada uno de ellos permitiendo el surgimiento de liderazgos hiper-personalistas como los de la flia. Kirchner, Carrió Macri y Massa, por ejemplo.

En este juego de suma cero, dichos liderazgos emergieron a costa de la pérdida de votos de sus originarios partidos UCR/PJ hoy prácticamente inexistentes.

El kirchnerismo emergente en 2003 pudo mantenerse en el poder hasta 2015 cooptando -primero- gran cantidad de dirigentes y espacios menores de representación política, provenientes del arco progresista, como los radicales ‘K’ y frepasistas (ex peronistas de izquierda) y enamorando -en su segunda versión de la historia- a grandes masas de jóvenes y sectores excluidos de la vida política y social. Pero también conteniendo a buena parte de las clases medias independientes (desreguladas en palabras de Carlos Fara) que usufructuaron la estabilidad y crecimiento económico de sus primeros años: ‘la década ganada’.

El macrismo, emergente también en aquel 2003 de la alianza de los radicales liberales del LópezMurphysmo con sectores del histórico conservadurismo nacional, se consolida en 2007 con la conquista de CABA y gana las elecciones nacionales de 2015 fundamentalmente por la pérdida del kirchnerismo de esas clases medias desreguladas, detalladas anteriormente, que dieron origen al massismo y terminaron dando su voto a Macri en el Ballotage.

En ambos casos podemos apreciar la omnipresencia del juego de suma cero. Y en esta tercera etapa evolutiva de esa crisis de representación política de 2001/02, también. Porque el macrismo cede el poder al perder nuevamente a las clases medias desreguladas -massistas- que ante su fracaso económico, siguen a su líder de vuelta a la alianza con el kirchnerismo -o también puede haber sido al revés-.
Pero el kirchnerismo ya no es el mismo. Y tampoco lo es el macrismo. Ambos espacios están en evolución y el juego de suma cero sigue incólume.

Aquel poderoso kirchnerismo liderado primero por Néstor y luego por Cristina hoy ya no es hegemónico sino un socio más de una alianza que comparte con el massismo, con la cooperativa de gobernadores y minigobernadores del peronismo y con el incipiente albertismo, propietario de la lapicera que firma todos los decretos. El posmacrismo, por su parte, ya empieza a ser realidad en la incansable vocación de poder de Horacio Rodríguez Larreta que cocina a fuego lento, pero constante, el retiro de su padrino.

La exitosa polarización -no la grieta que es otra cosa, sino la contracara de una misma moneda- Cristina-Mauricio / Mauricio-Cristina que los mantuvo a ambos a la palestra de la última década empieza a derrumbarse con el pase a retiro forzado de ambos, a manos de sus ahijados.

La nueva época que se inicia con la victoria del frente Todes en las pasadas elecciones, tendrá, a mi modesta forma de ver, entonces, dos grandes contendientes en Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, con un Sergio Massa en un rol inferior -y expectante- de articulador de encuentros y desencuentros estratégicos que consoliden esos nuevos poderes en el centro político argentino. Espacio que irá creciendo a fuerza de empujar hacia los márgenes de la izquierda y la derecha a sus antecesores, hasta hacerlos desaparecer con el tiempo.

El juego de suma cero es implacable.

La derrota del radicalismo que gobernó la provincia durante 28 años seguidos, el 25 de septiembre de 2011 y el fallecimiento del candidato triunfante en esas elecciones, Carlos Soria, el 1 de enero de 2012, marcan en mi sesgada visión de la historia, esta nueva era política que hoy vivimos. Y esta nueva era denota dos momentos diferentes: el que transcurre desde los eventos antes mencionados hasta el 10 de diciembre del año pasado, y éste que inicia a partir de ese día con la asunción de la primera gobernadora mujer de la historia de la provincia, Arabela Carreras.

Aquel primer momento de esta nueva era o ciclo político histórico rionegrino estuvo dominado por el derrumbe del partido radical y el quiebre del partido justicialista que, como en todo juego de suma cero como lo es el de la Política, derivó naturalmente en el surgimiento de un nuevo espacio que se apoderó de todo el poder que fueron dejando los demás.

El Oficialismo

Hijo de la idea movimentista provincial que acuñó el cipolleño Julio Rodolfo Salto a inicios de los ’90, encontró su oportunidad de hacerse ‘poder’ en los primeros años de esta nueva era y no la desaprovechó. Bajo el inteligente liderazgo de Alberto Weretilneck -figura emergente de aquel movimiento provincial de cepa cipolleña- con el acompañamiento fiel de Pedro Pesatti -que desde Viedma le aportó la fundamental cepa capitalina- se fue asentando como los mejores blend’s del mercado, político. Y hoy, ya maduro, se encuentra en una segunda etapa de su existencia: la de su consolidación como espacio hegemónico provincial. Vale decir, ocupar ese mismo lugar que de 1983 a 2011 ocupó la Unión Cívica Radical en Río Negro.

Para lograr ese objetivo tiene que superar cuatro pruebas: 1) seguir administrando satisfactoriamente bien sus estados gobernados; 2) mantener en la orilla del poder al radicalismo; 3) no dejar ningún salvavidas al peronismo, más del que ya tiene en General Roca; y 4) demostrar a todos -incluidos ellos mismos- que son capaces de generar su propio recambio de liderazgos sin poner en riesgo el capital político acumulado.

De esas tres metas o condiciones, la tercera es, al humilde entender del autor de esa nota, la más difícil de lograr, porque es justamente en la que fallaron los demás y que les permitió a Juntos Somos Río Negro existir: el internismo.

“Aprender de los errores propios es de grandes, aprender de los errores de otros es de sabios”

La Oposición

Como el perro intentando morderse la cola, el peronismo rionegrino sigue dando vuelta tras vuelta alrededor de sus históricos errores. Su internismo mantendrá su equilibrio entre la familia Soria, dueña del bastión roquense, y el aire que les otorgará a sus oponentes los cargos nacionales que se repartan en la provincia desde las oficinas del Instituto Patria, en mayor medida, y la Casa Rosada.

El espacio interno pichettista en franca desaparición, será ocupado por algún referente del no sorismo: Martin Doñate, Silvina García Larraburu o el Movimiento Evita.

Estos primeros días de la segunda parte de la nueva era muestran a un Doñate muy decidido a ganar ese espacio, aprovechando la quietud del instituto Patria y la Casa Rosada que aún no han movido sus fichas. Habrá que esperar un par de meses más para ver cómo se desarrolla ese juego.

Mientras todo siga igual a como ha venido siendo siempre -y por ahora no hay ningún indicio de que ello no sea así- el peronismo rionegrino seguirá viendo al poder provincial desde afuera del edificio de Laprida 212.

El radicalismo de mal a peor. Con una parte de su dirigencia que aún persiste en el duelo por la pérdida del poder en aquel 2011, y como pasmados mirándose las manos secas viendo como se les escabulló el agua entre los dedos, sin entender aún por qué no las cerraron y juntaron para contenerla; y otra parte debatiéndose qué ser: parte del ‘larretismo’ que representa el golpeado pero sobreviviente PRO, o parte del ‘albertismo’ de Juntos!, o un hermosos sueño -como lo es hoy- pero alejado de toda realidad política. Pero, por lo visto hasta ahora, solo se aprestan los radicales a hacer lo que mejor saben hacer: discutir eternamente el sexo de los ángeles.

El PRO tiene la suerte que su dirigencia nacional logró retener CABA y desde allí vendrá la nueva brisa que les dará aire a sus fieles rionegrinos. Desde su única banca en la Legislatura provincial, Juan Martín tiene todos los boletos para salir sorteado ganador en ese espacio. Con Wisky y Tortoriello derrotados en las urnas y sin haber podido construir nada sustentable a nivel provincial, tiene el camino libre de escollos para convertirse en único líder del ‘larretismo’ provincial.

El ARI seguirá al PRO. No tiene otro destino posible en la provincia.

La segunda etapa de la nueva era está en marcha y amenaza con ser tan o más interesante que la anterior. Pero ojalá que además de eso logre también ser eficiente en cumplir con las demandas y expectativas de la ciudadanía.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

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Opinión

Oficialismo y oposición rionegrina en esta nueva época

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

La derrota del radicalismo que gobernó la provincia durante 28 años seguidos, el 25 de septiembre de 2011 y el fallecimiento del candidato triunfante en esas elecciones, Carlos Soria, el 1 de enero de 2012, marcan en mi sesgada visión de la historia, esta nueva era política que hoy vivimos. Y esta nueva era denota dos momentos diferentes: el que transcurre desde los eventos antes mencionados hasta el 10 de diciembre del año pasado, y éste que inicia a partir de ese día con la asunción de la primera gobernadora mujer de la historia de la provincia, Arabela Carreras.

Aquel primer momento de esta nueva era o ciclo político histórico rionegrino estuvo dominado por el derrumbe del partido radical y el quiebre del partido justicialista que, como en todo juego de suma cero como lo es el de la Política, derivó naturalmente en el surgimiento de un nuevo espacio que se apoderó de todo el poder que fueron dejando los demás.

El Oficialismo

Hijo de la idea movimentista provincial que acuñó el cipolleño Julio Rodolfo Salto a inicios de los ’90, encontró su oportunidad de hacerse ‘poder’ en los primeros años de esta nueva era y no la desaprovechó. Bajo el inteligente liderazgo de Alberto Weretilneck -figura emergente de aquel movimiento provincial de cepa cipolleña- con el acompañamiento fiel de Pedro Pesatti -que desde Viedma le aportó la fundamental cepa capitalina- se fue asentando como los mejores blend’s del mercado, político. Y hoy, ya maduro, se encuentra en una segunda etapa de su existencia: la de su consolidación como espacio hegemónico provincial. Vale decir, ocupar ese mismo lugar que de 1983 a 2011 ocupó la Unión Cívica Radical en Río Negro.

Para lograr ese objetivo tiene que superar cuatro pruebas: 1) seguir administrando satisfactoriamente bien sus estados gobernados; 2) mantener en la orilla del poder al radicalismo; 3) no dejar ningún salvavidas al peronismo, más del que ya tiene en General Roca; y 4) demostrar a todos -incluidos ellos mismos- que son capaces de generar su propio recambio de liderazgos sin poner en riesgo el capital político acumulado.

De esas tres metas o condiciones, la tercera es, al humilde entender del autor de esa nota, la más difícil de lograr, porque es justamente en la que fallaron los demás y que les permitió a Juntos Somos Río Negro existir: el internismo.

“Aprender de los errores propios es de grandes, aprender de los errores de otros es de sabios”

La Oposición

Como el perro intentando morderse la cola, el peronismo rionegrino sigue dando vuelta tras vuelta alrededor de sus históricos errores. Su internismo mantendrá su equilibrio entre la familia Soria, dueña del bastión roquense, y el aire que les otorgará a sus oponentes los cargos nacionales que se repartan en la provincia desde las oficinas del Instituto Patria, en mayor medida, y la Casa Rosada.

El espacio interno pichettista en franca desaparición, será ocupado por algún referente del no sorismo: Martin Doñate, Silvina García Larraburu o el Movimiento Evita.

Estos primeros días de la segunda parte de la nueva era muestran a un Doñate muy decidido a ganar ese espacio, aprovechando la quietud del instituto Patria y la Casa Rosada que aún no han movido sus fichas. Habrá que esperar un par de meses más para ver cómo se desarrolla ese juego.

Mientras todo siga igual a como ha venido siendo siempre -y por ahora no hay ningún indicio de que ello no sea así- el peronismo rionegrino seguirá viendo al poder provincial desde afuera del edificio de Laprida 212.

El radicalismo de mal a peor. Con una parte de su dirigencia que aún persiste en el duelo por la pérdida del poder en aquel 2011, y como pasmados mirándose las manos secas viendo como se les escabulló el agua entre los dedos, sin entender aún por qué no las cerraron y juntaron para contenerla; y otra parte debatiéndose qué ser: parte del ‘larretismo’ que representa el golpeado pero sobreviviente PRO, o parte del ‘albertismo’ de Juntos!, o un hermosos sueño -como lo es hoy- pero alejado de toda realidad política. Pero, por lo visto hasta ahora, solo se aprestan los radicales a hacer lo que mejor saben hacer: discutir eternamente el sexo de los ángeles.

El PRO tiene la suerte que su dirigencia nacional logró retener CABA y desde allí vendrá la nueva brisa que les dará aire a sus fieles rionegrinos. Desde su única banca en la Legislatura provincial, Juan Martín tiene todos los boletos para salir sorteado ganador en ese espacio. Con Wisky y Tortoriello derrotados en las urnas y sin haber podido construir nada sustentable a nivel provincial, tiene el camino libre de escollos para convertirse en único líder del ‘larretismo’ provincial.

El ARI seguirá al PRO. No tiene otro destino posible en la provincia.

La segunda etapa de la nueva era está en marcha y amenaza con ser tan o más interesante que la anterior. Pero ojalá que además de eso logre también ser eficiente en cumplir con las demandas y expectativas de la ciudadanía.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

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Opinión

“No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”

Nota de opinión por Álvaro Vicente López, Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

En estos últimos años ha aumentado la frecuencia de: olas de calor, sequias, inundaciones, incendios forestales, tormentas, ciclones, plagas y enfermedades, además de otros efectos como las reducciones de glaciares y hielos polares, pérdida de biodiversidad y cultivos, subida del nivel del mar y otros. La frecuencia y gravedad de estos eventos seguirá aumentando hasta afectar la disponibilidad de alimentos, la salud y traerá grandes consecuencias a la vida como ahora la conocemos. Todo lo anterior lo podemos definir como cambio climático, y es consecuencia del calentamiento global.

Pero, ¿qué es el calentamiento global? Es el aumento de la temperatura promedio mundial por el incremento en la concentración de Gases de Efecto Invernadero (desde la época preindustrial a la fecha); estos Gases de Efecto Invernadero son principalmente el Dióxido de Carbono (CO2) y el Metano (CH4), que provienen de la actividad humana diaria, como por ejemplo: el usar vehículos a combustión; la electricidad (que no proviene de fuentes renovables); toda la actividad industrial, de la cual provienen las cosas que usamos, son grandes generadores del CO2; la deforestación para el desarrollo de ganadería o cultivos intensivos y la actividad agrícola – ganadera. Estos Gases de Efecto Invernadero capturan la irradiación infrarroja que sale de la tierra hacia el espacio, y a mayor concentración de los gases, mayor es el calor retenido.

El problema es que debemos reducir (mitigar) el uso de combustibles fósiles (origen de toda la mayor parte de la energía) y toda fuente generadora de CO2 o CH4. Pero para ello tenemos que cambiar nuestro sistema económico, nuestros valores, nuestra forma de vida y manera de pensar, y lo tenemos que hacer ahora. Lo podemos hacer individualmente, pero tiene que ser por medio de decisiones del Estado, de Políticas Públicas, con acuerdo entre todos los países del mundo, porque el problema es global, y nos afecta a todos por igual.

El lugar que los países tienen para desarrollar estas políticas y asumir compromisos es la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”, la cual se desarrolla anualmente, el problema es que no le dan al tema la importancia que tiene. En la última conferencia COP 25 (desarrollada en diciembre de 2019, en Madrid), no se llegó a compromisos fuertes ni reales, la conferencia fue pinchada por el G20, y presidentes cómo Donald Trump o Jair Bolsonaro.

Para resolver y no agravar el Cambio Climático hay que actuar ya!, no podemos dejar pasar más tiempo, si no hacemos nada, el mundo se muere y con ello nuestros hijos y las generaciones futuras.

Seguramente, reaccionaremos cuando sea tarde, pero tenemos que sacarnos las vendas de los ojos y exigir a nuestros gobiernos un cambio. A nuestros gobernantes (y a nosotros) solo les (nos) importa la economía y el crecimiento económico sin tener en cuenta el costo sobre las generaciones actuales y sobre todo el costo sobre las generaciones futuras.

Álvaro Vicente López.
Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

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