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Opinión

La culpa la tiene el otro, y el que no está identificado…

Nota de opinión por Álvaro Vicente López, Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

En general, buscamos descargar en el otro nuestros problemas; en este caso y de lo que voy a hablar el otro es parte del problema:

Los plásticos, amigos inseparables del consumo humano, con unos 70 años de antigüedad, están en todos lados: en la computadora en la cual escribo, en la silla en la cual me siento, en la ropa que estoy usando, en las patillas de mis anteojos, en los envases de cada alimento que compro, en la calle tirados, en el aire volando. Como datos relevantes podemos indicar que:  8 millones de toneladas de plásticos van a parar a los océanos cada año;  8,3 mil millones de toneladas de plástico se han producido desde 1950 a la fecha,  cada año se producen, en el mundo, 500 mil millones de botellas de plástico y  en Argentina se recicla menos del 5 % del residuo plástico por año.

Desde hace ya bastante tiempo nos han vendido que todo el plástico se recicla, he visto muchos envases con las flechitas de reciclado, pero no todo lo que brilla es oro, en primer lugar tenemos que saber que los plásticos están formados por polímeros,  que provienen del petróleo y  que se identifican con un número (el cual debería estar en alguna parte del envase) estos son:  1 PET, 2 polietileno de alta densidad, 3 policloruro de vinilo , 4  polietileno de baja densidad, 5 polipropileno, 6 poliestireno, y 7 OTROS. Todos los números van adentro de un triángulo de flechas que pareciera indicarnos que el producto es reciclable. Pero esto no es así, ya que hay que tener en cuenta que:

  • No todos los plásticos se reciclan fácilmente.
  • No se pueden mezclar plásticos, para su reciclado.
  • No todos los envases vienen identificados.
  • Muchos envases de productos comestibles, traen diferentes capas de plásticos, por lo cual no se pueden reciclar.
  • Los envases con el número 7, los famosos “OTROS”, los cuales conforman una gran variedad de plásticos que son muy difíciles de reciclar.

Entonces hay que tener en cuenta que por más que veamos el 7 adentro del triángulo con flechitas, no es reciclable, y quedará en el planeta por generaciones y generaciones, con mucha suerte en algún relleno sanitario, y sino tirado por ahí o fotodegradandose en partes más chicas hasta formar parte del tracto digestivo de algún animal.

Los envases no identificados corren con la misma suerte, ya que no se pueden agrupar en ninguna categoría y por lo tanto reciclar.

Algunas alternativas para resolver esta situación:

  • Reducir la cantidad de envases.
  • Comprar productos sueltos o en envases retornables.
  • Observar, a la hora de comprar, si se identifica o no  en el envase el tipo de plástico.
  • Evitar envases no identificados o que tengan el número 7.
  • Comprar envases de mayor tamaño con una mejor relación producto/envase.
  • Requerir a nuestros gobernantes una ley de plásticos, que fomente su identificación y reciclado, que reduzca su producción, que castigue el uso indebido de plásticos y que proteja el ambiente. 

Álvaro Vicente López.
Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

Opinión

La política es un juego de suma cero

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

En mi anterior nota te contaba sobre los diferentes escenarios que se le presentan al oficialismo y a las oposiciones en la provincia de Río Negro, y me referenciaba en sus rearmados a la teoría del juego de suma cero. En esta ocasión intentaré hacer lo propio con la política nacional. Pero primero explicaré que es el juego de suma cero:

Un juego de suma cero es aquel donde no existe la cooperación para que todos puedan alcanzar un objetivo superior. En este juego competitivo, lo que gana un competidor proviene necesariamente de lo que pierde otro. El Póker es un juego de suma cero, donde el dinero que alza el ganador de la partida es igual a la suma del dinero que pierden los restantes jugadores. La política también.

Esta época que hoy vivimos es, en mi sesgada visión de la historia, hija de la crisis de los partidos políticos que hizo eclosión en 2001/02 donde la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista -oligopolios del poder democrático desde 1916 en que se instaura el voto universal, secreto y obligatorio para elegir gobiernos- se parten en 3 pedazos cada uno de ellos permitiendo el surgimiento de liderazgos hiper-personalistas como los de la flia. Kirchner, Carrió Macri y Massa, por ejemplo.

En este juego de suma cero, dichos liderazgos emergieron a costa de la pérdida de votos de sus originarios partidos UCR/PJ hoy prácticamente inexistentes.

El kirchnerismo emergente en 2003 pudo mantenerse en el poder hasta 2015 cooptando -primero- gran cantidad de dirigentes y espacios menores de representación política, provenientes del arco progresista, como los radicales ‘K’ y frepasistas (ex peronistas de izquierda) y enamorando -en su segunda versión de la historia- a grandes masas de jóvenes y sectores excluidos de la vida política y social. Pero también conteniendo a buena parte de las clases medias independientes (desreguladas en palabras de Carlos Fara) que usufructuaron la estabilidad y crecimiento económico de sus primeros años: ‘la década ganada’.

El macrismo, emergente también en aquel 2003 de la alianza de los radicales liberales del LópezMurphysmo con sectores del histórico conservadurismo nacional, se consolida en 2007 con la conquista de CABA y gana las elecciones nacionales de 2015 fundamentalmente por la pérdida del kirchnerismo de esas clases medias desreguladas, detalladas anteriormente, que dieron origen al massismo y terminaron dando su voto a Macri en el Ballotage.

En ambos casos podemos apreciar la omnipresencia del juego de suma cero. Y en esta tercera etapa evolutiva de esa crisis de representación política de 2001/02, también. Porque el macrismo cede el poder al perder nuevamente a las clases medias desreguladas -massistas- que ante su fracaso económico, siguen a su líder de vuelta a la alianza con el kirchnerismo -o también puede haber sido al revés-.
Pero el kirchnerismo ya no es el mismo. Y tampoco lo es el macrismo. Ambos espacios están en evolución y el juego de suma cero sigue incólume.

Aquel poderoso kirchnerismo liderado primero por Néstor y luego por Cristina hoy ya no es hegemónico sino un socio más de una alianza que comparte con el massismo, con la cooperativa de gobernadores y minigobernadores del peronismo y con el incipiente albertismo, propietario de la lapicera que firma todos los decretos. El posmacrismo, por su parte, ya empieza a ser realidad en la incansable vocación de poder de Horacio Rodríguez Larreta que cocina a fuego lento, pero constante, el retiro de su padrino.

La exitosa polarización -no la grieta que es otra cosa, sino la contracara de una misma moneda- Cristina-Mauricio / Mauricio-Cristina que los mantuvo a ambos a la palestra de la última década empieza a derrumbarse con el pase a retiro forzado de ambos, a manos de sus ahijados.

La nueva época que se inicia con la victoria del frente Todes en las pasadas elecciones, tendrá, a mi modesta forma de ver, entonces, dos grandes contendientes en Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, con un Sergio Massa en un rol inferior -y expectante- de articulador de encuentros y desencuentros estratégicos que consoliden esos nuevos poderes en el centro político argentino. Espacio que irá creciendo a fuerza de empujar hacia los márgenes de la izquierda y la derecha a sus antecesores, hasta hacerlos desaparecer con el tiempo.

El juego de suma cero es implacable.

La derrota del radicalismo que gobernó la provincia durante 28 años seguidos, el 25 de septiembre de 2011 y el fallecimiento del candidato triunfante en esas elecciones, Carlos Soria, el 1 de enero de 2012, marcan en mi sesgada visión de la historia, esta nueva era política que hoy vivimos. Y esta nueva era denota dos momentos diferentes: el que transcurre desde los eventos antes mencionados hasta el 10 de diciembre del año pasado, y éste que inicia a partir de ese día con la asunción de la primera gobernadora mujer de la historia de la provincia, Arabela Carreras.

Aquel primer momento de esta nueva era o ciclo político histórico rionegrino estuvo dominado por el derrumbe del partido radical y el quiebre del partido justicialista que, como en todo juego de suma cero como lo es el de la Política, derivó naturalmente en el surgimiento de un nuevo espacio que se apoderó de todo el poder que fueron dejando los demás.

El Oficialismo

Hijo de la idea movimentista provincial que acuñó el cipolleño Julio Rodolfo Salto a inicios de los ’90, encontró su oportunidad de hacerse ‘poder’ en los primeros años de esta nueva era y no la desaprovechó. Bajo el inteligente liderazgo de Alberto Weretilneck -figura emergente de aquel movimiento provincial de cepa cipolleña- con el acompañamiento fiel de Pedro Pesatti -que desde Viedma le aportó la fundamental cepa capitalina- se fue asentando como los mejores blend’s del mercado, político. Y hoy, ya maduro, se encuentra en una segunda etapa de su existencia: la de su consolidación como espacio hegemónico provincial. Vale decir, ocupar ese mismo lugar que de 1983 a 2011 ocupó la Unión Cívica Radical en Río Negro.

Para lograr ese objetivo tiene que superar cuatro pruebas: 1) seguir administrando satisfactoriamente bien sus estados gobernados; 2) mantener en la orilla del poder al radicalismo; 3) no dejar ningún salvavidas al peronismo, más del que ya tiene en General Roca; y 4) demostrar a todos -incluidos ellos mismos- que son capaces de generar su propio recambio de liderazgos sin poner en riesgo el capital político acumulado.

De esas tres metas o condiciones, la tercera es, al humilde entender del autor de esa nota, la más difícil de lograr, porque es justamente en la que fallaron los demás y que les permitió a Juntos Somos Río Negro existir: el internismo.

“Aprender de los errores propios es de grandes, aprender de los errores de otros es de sabios”

La Oposición

Como el perro intentando morderse la cola, el peronismo rionegrino sigue dando vuelta tras vuelta alrededor de sus históricos errores. Su internismo mantendrá su equilibrio entre la familia Soria, dueña del bastión roquense, y el aire que les otorgará a sus oponentes los cargos nacionales que se repartan en la provincia desde las oficinas del Instituto Patria, en mayor medida, y la Casa Rosada.

El espacio interno pichettista en franca desaparición, será ocupado por algún referente del no sorismo: Martin Doñate, Silvina García Larraburu o el Movimiento Evita.

Estos primeros días de la segunda parte de la nueva era muestran a un Doñate muy decidido a ganar ese espacio, aprovechando la quietud del instituto Patria y la Casa Rosada que aún no han movido sus fichas. Habrá que esperar un par de meses más para ver cómo se desarrolla ese juego.

Mientras todo siga igual a como ha venido siendo siempre -y por ahora no hay ningún indicio de que ello no sea así- el peronismo rionegrino seguirá viendo al poder provincial desde afuera del edificio de Laprida 212.

El radicalismo de mal a peor. Con una parte de su dirigencia que aún persiste en el duelo por la pérdida del poder en aquel 2011, y como pasmados mirándose las manos secas viendo como se les escabulló el agua entre los dedos, sin entender aún por qué no las cerraron y juntaron para contenerla; y otra parte debatiéndose qué ser: parte del ‘larretismo’ que representa el golpeado pero sobreviviente PRO, o parte del ‘albertismo’ de Juntos!, o un hermosos sueño -como lo es hoy- pero alejado de toda realidad política. Pero, por lo visto hasta ahora, solo se aprestan los radicales a hacer lo que mejor saben hacer: discutir eternamente el sexo de los ángeles.

El PRO tiene la suerte que su dirigencia nacional logró retener CABA y desde allí vendrá la nueva brisa que les dará aire a sus fieles rionegrinos. Desde su única banca en la Legislatura provincial, Juan Martín tiene todos los boletos para salir sorteado ganador en ese espacio. Con Wisky y Tortoriello derrotados en las urnas y sin haber podido construir nada sustentable a nivel provincial, tiene el camino libre de escollos para convertirse en único líder del ‘larretismo’ provincial.

El ARI seguirá al PRO. No tiene otro destino posible en la provincia.

La segunda etapa de la nueva era está en marcha y amenaza con ser tan o más interesante que la anterior. Pero ojalá que además de eso logre también ser eficiente en cumplir con las demandas y expectativas de la ciudadanía.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

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Opinión

Oficialismo y oposición rionegrina en esta nueva época

Nota de opinión por Pablo Gustavo Díaz, consultor en marketing político.

La derrota del radicalismo que gobernó la provincia durante 28 años seguidos, el 25 de septiembre de 2011 y el fallecimiento del candidato triunfante en esas elecciones, Carlos Soria, el 1 de enero de 2012, marcan en mi sesgada visión de la historia, esta nueva era política que hoy vivimos. Y esta nueva era denota dos momentos diferentes: el que transcurre desde los eventos antes mencionados hasta el 10 de diciembre del año pasado, y éste que inicia a partir de ese día con la asunción de la primera gobernadora mujer de la historia de la provincia, Arabela Carreras.

Aquel primer momento de esta nueva era o ciclo político histórico rionegrino estuvo dominado por el derrumbe del partido radical y el quiebre del partido justicialista que, como en todo juego de suma cero como lo es el de la Política, derivó naturalmente en el surgimiento de un nuevo espacio que se apoderó de todo el poder que fueron dejando los demás.

El Oficialismo

Hijo de la idea movimentista provincial que acuñó el cipolleño Julio Rodolfo Salto a inicios de los ’90, encontró su oportunidad de hacerse ‘poder’ en los primeros años de esta nueva era y no la desaprovechó. Bajo el inteligente liderazgo de Alberto Weretilneck -figura emergente de aquel movimiento provincial de cepa cipolleña- con el acompañamiento fiel de Pedro Pesatti -que desde Viedma le aportó la fundamental cepa capitalina- se fue asentando como los mejores blend’s del mercado, político. Y hoy, ya maduro, se encuentra en una segunda etapa de su existencia: la de su consolidación como espacio hegemónico provincial. Vale decir, ocupar ese mismo lugar que de 1983 a 2011 ocupó la Unión Cívica Radical en Río Negro.

Para lograr ese objetivo tiene que superar cuatro pruebas: 1) seguir administrando satisfactoriamente bien sus estados gobernados; 2) mantener en la orilla del poder al radicalismo; 3) no dejar ningún salvavidas al peronismo, más del que ya tiene en General Roca; y 4) demostrar a todos -incluidos ellos mismos- que son capaces de generar su propio recambio de liderazgos sin poner en riesgo el capital político acumulado.

De esas tres metas o condiciones, la tercera es, al humilde entender del autor de esa nota, la más difícil de lograr, porque es justamente en la que fallaron los demás y que les permitió a Juntos Somos Río Negro existir: el internismo.

“Aprender de los errores propios es de grandes, aprender de los errores de otros es de sabios”

La Oposición

Como el perro intentando morderse la cola, el peronismo rionegrino sigue dando vuelta tras vuelta alrededor de sus históricos errores. Su internismo mantendrá su equilibrio entre la familia Soria, dueña del bastión roquense, y el aire que les otorgará a sus oponentes los cargos nacionales que se repartan en la provincia desde las oficinas del Instituto Patria, en mayor medida, y la Casa Rosada.

El espacio interno pichettista en franca desaparición, será ocupado por algún referente del no sorismo: Martin Doñate, Silvina García Larraburu o el Movimiento Evita.

Estos primeros días de la segunda parte de la nueva era muestran a un Doñate muy decidido a ganar ese espacio, aprovechando la quietud del instituto Patria y la Casa Rosada que aún no han movido sus fichas. Habrá que esperar un par de meses más para ver cómo se desarrolla ese juego.

Mientras todo siga igual a como ha venido siendo siempre -y por ahora no hay ningún indicio de que ello no sea así- el peronismo rionegrino seguirá viendo al poder provincial desde afuera del edificio de Laprida 212.

El radicalismo de mal a peor. Con una parte de su dirigencia que aún persiste en el duelo por la pérdida del poder en aquel 2011, y como pasmados mirándose las manos secas viendo como se les escabulló el agua entre los dedos, sin entender aún por qué no las cerraron y juntaron para contenerla; y otra parte debatiéndose qué ser: parte del ‘larretismo’ que representa el golpeado pero sobreviviente PRO, o parte del ‘albertismo’ de Juntos!, o un hermosos sueño -como lo es hoy- pero alejado de toda realidad política. Pero, por lo visto hasta ahora, solo se aprestan los radicales a hacer lo que mejor saben hacer: discutir eternamente el sexo de los ángeles.

El PRO tiene la suerte que su dirigencia nacional logró retener CABA y desde allí vendrá la nueva brisa que les dará aire a sus fieles rionegrinos. Desde su única banca en la Legislatura provincial, Juan Martín tiene todos los boletos para salir sorteado ganador en ese espacio. Con Wisky y Tortoriello derrotados en las urnas y sin haber podido construir nada sustentable a nivel provincial, tiene el camino libre de escollos para convertirse en único líder del ‘larretismo’ provincial.

El ARI seguirá al PRO. No tiene otro destino posible en la provincia.

La segunda etapa de la nueva era está en marcha y amenaza con ser tan o más interesante que la anterior. Pero ojalá que además de eso logre también ser eficiente en cumplir con las demandas y expectativas de la ciudadanía.

Pablo Gustavo Díaz.
Consultor en marketing político.

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Opinión

“No hay peor ciego que aquel que no quiere ver”

Nota de opinión por Álvaro Vicente López, Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

En estos últimos años ha aumentado la frecuencia de: olas de calor, sequias, inundaciones, incendios forestales, tormentas, ciclones, plagas y enfermedades, además de otros efectos como las reducciones de glaciares y hielos polares, pérdida de biodiversidad y cultivos, subida del nivel del mar y otros. La frecuencia y gravedad de estos eventos seguirá aumentando hasta afectar la disponibilidad de alimentos, la salud y traerá grandes consecuencias a la vida como ahora la conocemos. Todo lo anterior lo podemos definir como cambio climático, y es consecuencia del calentamiento global.

Pero, ¿qué es el calentamiento global? Es el aumento de la temperatura promedio mundial por el incremento en la concentración de Gases de Efecto Invernadero (desde la época preindustrial a la fecha); estos Gases de Efecto Invernadero son principalmente el Dióxido de Carbono (CO2) y el Metano (CH4), que provienen de la actividad humana diaria, como por ejemplo: el usar vehículos a combustión; la electricidad (que no proviene de fuentes renovables); toda la actividad industrial, de la cual provienen las cosas que usamos, son grandes generadores del CO2; la deforestación para el desarrollo de ganadería o cultivos intensivos y la actividad agrícola – ganadera. Estos Gases de Efecto Invernadero capturan la irradiación infrarroja que sale de la tierra hacia el espacio, y a mayor concentración de los gases, mayor es el calor retenido.

El problema es que debemos reducir (mitigar) el uso de combustibles fósiles (origen de toda la mayor parte de la energía) y toda fuente generadora de CO2 o CH4. Pero para ello tenemos que cambiar nuestro sistema económico, nuestros valores, nuestra forma de vida y manera de pensar, y lo tenemos que hacer ahora. Lo podemos hacer individualmente, pero tiene que ser por medio de decisiones del Estado, de Políticas Públicas, con acuerdo entre todos los países del mundo, porque el problema es global, y nos afecta a todos por igual.

El lugar que los países tienen para desarrollar estas políticas y asumir compromisos es la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”, la cual se desarrolla anualmente, el problema es que no le dan al tema la importancia que tiene. En la última conferencia COP 25 (desarrollada en diciembre de 2019, en Madrid), no se llegó a compromisos fuertes ni reales, la conferencia fue pinchada por el G20, y presidentes cómo Donald Trump o Jair Bolsonaro.

Para resolver y no agravar el Cambio Climático hay que actuar ya!, no podemos dejar pasar más tiempo, si no hacemos nada, el mundo se muere y con ello nuestros hijos y las generaciones futuras.

Seguramente, reaccionaremos cuando sea tarde, pero tenemos que sacarnos las vendas de los ojos y exigir a nuestros gobiernos un cambio. A nuestros gobernantes (y a nosotros) solo les (nos) importa la economía y el crecimiento económico sin tener en cuenta el costo sobre las generaciones actuales y sobre todo el costo sobre las generaciones futuras.

Álvaro Vicente López.
Ing. Agr. Esp. en Desarrollo Humano.

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